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jueves, 2 de febrero de 2023

CONVIERTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO

                          




Escuchamos de guerras, de poblaciones desplazadas, de familias que han perdido todo sin tener ninguna responsabilidad ni decisión en el asunto; vemos gente revolviendo la basura para poder comer; familias enteras durmiendo en la calle; contemplamos el horror de millones de niños asesinados en el vientre de su madre; de personas que se “autoperciben” de otro sexo y pretenden imponer al resto de la sociedad su visión de la realidad; la biología y la naturaleza desplazada por la ideología. Mientras tanto, desde el Foro Económico de Davos, unos hombres pretenden imponer una agenda mundial a espaldas de los pueblos,  anunciando un próximo  “transhumanismo”, que no es otra cosa que el sojuzgamiento de los hombres al poder del dinero, el sometimiento de las voluntades (con la implantación de chips) y la reacción ante el Creador, promocionando un supuesto “super humano”. En este mundo “globalizado” a la fuerza, sometido a las “realidades” fabricadas por medios de comunicación no comprometidos con la Verdad, sino  al servicio de  intereses, y de redes sociales que expanden falsas noticias,  la Babel y Sodoma y Gomorra del Antiguo Testamento han quedado minúsculas.

 En medio de ello, sólo hay un mensaje que llama al hombre a levantarse contra esa destrucción. No con las armas, no con el desprecio, sino con el Amor, con el único y verdadero Amor por la humanidad. Pronto llega el tiempo Pascual, tiempo en que Dios llama a cada hombre y cada mujer, no importa de donde venga ni de qué condición, ni raza, o edad, ni cuantos errores y pecados haya cometido, a que se “convierta y crea en el Evangelio”.





lunes, 7 de noviembre de 2022

El cuarto en el corazón

 Hace unos días escuché una reflexión, y de ella derivaron algunos pensamientos que me gustaría compartir.

En nuestro corazón -no hablo del músculo cardíaco, sino del centro de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, pensamientos, deseos y sueños-, hay un cuarto, una morada o como gusten llamarlo.

En ese cuarto, están guardadas muchas cosas, pero esas cosas hacen desordenado, oscuro y  húmedo el pequeño lugar.

A veces, en ese rejunte de cosas, emociones, pensamientos, expectativas, ansiedades, sueños, no podemos distinguir lo importante de lo superfluo, lo que nos hace bien de lo que nos daña. En lugar de un cuarto, de un aposento, se ha transformado en una buhardilla o desván, o en una baulera,  donde se colocan cosas que con el tiempo, muchas veces ni sabemos que las tenemos, o si las recordamos, nos es muy difícil encontrarlas.

Sin embargo, este recinto no está en cualquier parte, no está en el techo de casa, ni en el garaje, ni en un sótano o en un depósito. Está nada menos que dentro nuestro centro, en nuestro corazón. 

Quise revisar qué guardaba allí, y me encontré penetrando en ese lugar oscuro, donde había miedos, broncas, desconsideraciones hacia otros y hacia mí, pensamientos negativos,  depresiones, malos pensamientos, tentaciones, pecados,  ilusiones, sueños rotos, y en fin, un montón de cosas que me agobiaban.

Entonces pensé: a este lugar le falta vida, le falta luz, le falta un orden. 

Comprendí que nuestro corazón no es un depósito de cosas viejas y oxidadas, sino un lugar donde debe reinar la luz, la alegría, la tibieza del afecto. 

Fue entonces que recordé la meditación, en donde se repetía aquello que hace tanto tiempo había leído en las Confesiones de San Agustín: “tuyos somos, y para Tí hemos sido creados, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti, Señor”.

De pronto, una iluminación vino a mi mente: yo había contaminado el aposento, y lo había transformado en un lugar inhabitable, sombrío. 

Había que llenarlo de Luz, pero primero había que limpiarlo de todo eso inservible que se acumulaba. Me pregunté si yo podía limpiarlo, si mis fuerzas, mis intenciones, mi voluntad o empeño bastaba, y entonces me di cuenta que no. Que por mucho que me esforzara, una y otra vez se llenaría de polvo y oscuridad. Tenía que tener el auxilio de alguien mucho más sabio, mucho más poderoso, de renovara aquel lugar. 

¿Un psicólogo que me ayudara a ordenar aquel desorden?

No, porque podía terminar barriendo de un lado y acumulando basura en  otro lado, o en el peor de los casos, justificándome el por qué había acumulado tanta cosa vieja. Un psicólogo decididamente no terminaría de preparar el cuarto.

Ese lugar no había sido pensado para depósito, sino como un aposento, y la pregunta es ¿quién debía habitar en ese lugar?

Fue allí que comprendí que sólo había sido dispuesto para que lo habitara Aquel para el cual había sido dispuesto.

Tuyos somos, y para Tí hemos sido creados y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti.

Decidí que debía abrir la puerta, las ventanas para que ingresara la Luz.

Allí pude ver cómo instantáneamente el cuarto se llenaba de luminosidad, se limpiaba de todo lo que sobraba, se transformaba en un lugar donde el calor suave era como una caricia y la alegría serena, su vista admirable. También entendí, que si quería ese Bien, nada ni nadie podía ocupar ese aposento, sino Aquel a quien había sido destinado desde toda la Eternidad.


SEÑOR: Limpia mi corazón, prepáralo para hacer de él tu aposento, penetra en él y habítalo con la Luz del Espíritu Santo. Jamás permitas que nada ni nadie lo vuelva a oscurecer. Amén. 


  


miércoles, 30 de diciembre de 2020

Ante el desánimo, es mejor pensar en el Plan de Dios. Reflexión por Alejandro R. Melo

Cuando era adolescente, el Padre Bruno Ierullo, -a quien agradezco profundamente tantas bellas enseñanzas-, nos hablaba del "problema del mal". Lo hacía tomando dos ejemplos: uno del Libro de Job (a quien los amigos le endilgaban que le habían ocurrido sus desgracias porque era pecador, echándole la culpa, aunque Job era un hombre justo) y el relato de la historia del Capitán Seneguiriov y la muerte de su pequeño hijo IIiúshenchka, de la novela de Fiódor Dostoyevski, "Los hermanos Karamazov".
¿Por qué Dios permite el mal?
Y ante la tentación del desánimo, me vienen a la mente las respuestas profundas del desconocimiento que tenemos del Plan de Dios, que se ven plasmadas en la misma muerte de Jesús en la Cruz. El plan de Dios es misterioso, no tiene tiempo ni espacio que lo limite, tal como está escrito: "el cielo y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará".
Dios respeta profundamente la libertad del hombre, tanto que permite que Adán y Eva, se aparten de la vida de la gracia. Ellos no lo verán, pero mucho tiempo después, el Plan de Dios se hizo Carne y Habitó entre nosotros, para la Redención de todos los que aman y creen en Él.
Igual que nosotros, los peregrinos de Emaús, iban apenados en el camino, pensando decepcionados, que se había perdido la esperanza luego de que los políticos, sumos sacerdotes y doctores de la ley habían llevado a la muerte a Jesús. Pero junto a ellos, comenzó a caminar el desconocido, que les explicó una a una las profecías que hablaban de Hijo del Hombre, y cómo era el verdadero Plan de Dios para la humanidad.
Hay también una certeza: en el fin del camino personal nos espera un juicio. Como diría San Juan de la Cruz: "En la tarde de la vida, te examinarán en el amor". No en el amor romántico ni sensiblero, no en el amor sexual y pasajero, sino en el verdadero Amor: aquel que da sin esperar nada, aquel que tiene el coraje de reconocer en el otro a su hermano, -como Hijo del mismo Padre-. Entonces, y cuando suene la trompeta del Ángel, el Señor dirá a los hicieron el bien: venid a mí, y a los que prefirieron vivir en el egoísmo, la violencia, la mentira, la codicia, la corrupción, el desprecio por la vida: "Apártense de mí, ejecutores de maldad".

martes, 14 de julio de 2020

EL HOMBRE RICO. Cuento, por Alejandro R. Melo




Un pequeño empresario, que era un hombre honesto, vivía sin grandes opulencias.
Había conseguido con mucho esfuerzo reunir un buen capital y se preciaba de ser un buen ciudadano, un buen padre de familia. En medio de las dificultades de las coyunturas económicas, siempre se las arregló para pagar sus impuestos y no defraudar a nadie. Sus empleados cobraban un sueldo, que si bien no era muy abundante, bastaba para llevar una vida decorosa.
Un día, este empresario tuvo una inquietud al pasar por una iglesia.
En ese momento se estaba celebrando misa y el sacerdote leyó ese pasaje del Evangelio en el cual Jesús dice aquellas terribles palabras: “Les aseguro, que es muy difícil que un rico entre en el reino de los Cielos. Es más fácil que un camello, pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el reino de los cielos”…
Salió de la iglesia, y aquellas palabras comenzaron a darle vuelta en su mente. ¿Entonces yo no podré entrar en el reino de los cielos? -se preguntó una y otra vez- y se respondió: “¡Si siempre fui un tipo honesto!”
Desde ese momento, lleno de temor, comenzó a dar cada vez más dinero para obras de caridad. Eso calmó en gran parte su inquietud mientras seguía con su vida normal.
Otro día ingresó nuevamente a la iglesia, y escuchó el Evangelio en el cual Jesús decía: “Cuando des, que tu mano izquierda no se entere de lo que entrega tu mano derecha”…
Trató desde entonces de ser muy precavido para que nadie se enterara de cuántas ayudas hacía. Ni siquiera se lo contaba a su familia.
Una noche, luego de una comida muy abundante, nuestro personaje comenzó a sentirse mal, y finalmente se le produjo un paro cardíaco.
Fue llevado en presencia de un ángel del Señor quien lo recibió en la puerta de un aposento.
El hombre comenzó a darse cuenta que estaba muerto y para asegurarse le preguntó al ángel, el cual le confirmó que había sufrido un paro cardíaco.
Entonces, el hombre resignado, le interrogó al ángel: ¿y ahora, qué será de mí?
Como el ángel lo miraba y no respondía, comenzó a decirle que siempre había sido un hombre honesto, que no había defraudado a nadie, que era un buen ciudadano, un buen padre, y que cada vez que podía daba abundante limosna.
Pero el ángel tardaba en reaccionar, hasta que finalmente le dijo: “Para entrar aquí, debes defender tu causa”.
-Ya te lo he dicho, siempre fui honesto y traté de ayudar dando limosna.
El ángel lo miró con ternura y le dijo:
-¿Recuerdas el pasaje del Evangelio en el que Jesús elogia a la viuda que pone dinero en el templo? ¿Recuerdas cómo Jesús la compara con los principales de la comunidad que daban sus dádivas delante de todos para que los vieran?
-¡Yo traté siempre de ocultar mis limosnas!
Entonces el ángel le dijo: Mira, ¿no es verdad que estabas preocupado porque oíste que un hombre rico sería difícilmente aceptado en el cielo?
-Si, así es -le respondió el hombre-.
Y el ángel, con un dejo de tristeza le contestó: “Estabas muy preocupado por el futuro de tu alma. Tenías miedo. No era tu hermano, tu prójimo, quien realmente te preocupaba, sino el salvarte a vos mismo. Pero el cielo no se puede comprar con dinero”.
Al oír esto, el hombre se entristeció mucho, presintiendo que no podría entrar en el reino de los cielos.
El ángel entonces le dijo: “Como no eres una persona mala, se te va a dar otra oportunidad. Volverás a la vida, y la próxima vez que vuelvas por aquí, tendrás que haber comprendido.
Entonces el hombre tomó una bocanada de aire, y vio el techo de un sanatorio. Había vuelto a la vida, como se lo dijo el ángel.
Un día entró en una iglesia y el cura leía la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro que padecía en su puerta y allí entendió: la peor miseria no es no tener vestido ni casa o tener hambre. Lo peor es que el rico no “veía” a su hermano que estaba en su puerta, pasaba ante él como algo más del paisaje, sin detenerse a pensar que era su propio hermano el que estaba sufriendo, y que ambos eran hijos del mismo Padre.

“Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve…” (Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto)

domingo, 3 de noviembre de 2019

La Misericordia de Dios. Así habla la Sabiduría

"Porque Tú solo tienes siempre en la mano el poder supremo, y ¿quién puede resistir la fuerza de Tu brazo? Delante de Ti todo el mundo es como un granito en la balanza y como una gota de rocío que en la mañana baja sobre la tierra. Pero Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres para que hagan penitencia. Porque Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho; de lo contrario ¿cómo lo habrías creado?. Y ¿cómo podría durar algo si Tú no lo quieres?, ¿cómo se habría conservado lo que no hubieras llamado? Tú tienes lástima de todo: porque todas las cosas son tuyas, Señor, que amas la vida." (Sabiduría 11, 21-26).

miércoles, 12 de junio de 2019

LO QUE APRENDÍ DE LA PASIÓN DE JESÚS reflexión por Alejandro R. Melo

LO QUE APRENDÍ DE LA PASIÓN DE JESÚS


Debo confesar que como muchos católicos, contemplar la Pasión de Jesús, no era mi pasaje más deseado del Evangelio. Desde niño era un trago amargo que había que pasar -lo más rápido posible- para llegar a la alegría de la Pascua.
Por esa razón no me detenía, como la mayoría, a observar atentamente lo que me decía ese momento tremendo de nuestra historia, en donde se jugó el destino de la humanidad.
Sólo lo veía como un momento de tremenda tortura física, que culmina con una muerte injusta y terrible.
Pero un día, ya en mi edad madura, descubrí, gracias a la Coronilla de la Divina Misericordia, que debía meditar el significado de la Pasión.
Fue así que fui descubriendo, paso a paso, lo que ese momento me enseñaba.
La Pasión de Cristo, todos la hacen comenzar en el Monte de los Olivos, pero…remontémonos al momento en que Jesús ingresa en Jerusalem y es aclamado por la multitud (el domingo de ramos).
Jesús es proclamado profeta y rey por la gente. ¿Pero qué busca la mayoría?: busca milagros para sus vidas, y un líder político que los haga librarse del poder romano. No tardará mucho en que esa mayoría se vea frustrada. Jesús no es un repartidor de milagros, como hoy muchos lo quieren mostrar en las iglesias electrónicas y otras…El milagro es un signo especial (un quiebre del orden natural) excepcional, que sirve a Dios para atraer el corazón de la persona. El milagro interpela con una enseñanza, con un llamado a la comunión con Dios. No es un circo ni magia.
Jesús proclamado rey, alabado con los mantos y con ramas de olivos y palmeras en su entrada triunfal a Jerusalem. Pero Jesús mismo se lo dice a Poncio Pilato: “Mi reino no es de este mundo” ¿Está hablando del cielo?…puede ser, pero quizás está hablando también de un reino que no tiene nada que ver con el “mundo” frívolo, posesivo, carnal, ambicioso, consumista, egoísta. En el Padrenuestro lo rezamos: “Venga a nosotros tu reino”, es decir, que le pedimos a Dios, que el reino llegue a nuestro mundo, a nuestras vidas. El tema fundamental en ese pedido, es que muchas veces pretendemos que ese mundo sea a imagen y semejanza de nuestros deseos, de nuestra idea de lo que debería ser ese mundo, no lo que quiere Jesús. Por eso no se puede pedir que venga a nosotros “Tú reino” sin el “hágase Tú voluntad…” Es decir, el reino de Dios no es el que nos imaginamos ni el que nosotros deseamos, sino el que su amor y misericordia ha concebido. Hágase Tú voluntad: confianza  total en el Amor de Dios.
Pero volvamos a la Pasión. Ahora, estamos en la Última Cena. Judas ya ha entrado en tratativas con los miembros del Sanedrín para entregar a Jesús. ¿Por qué lo entrega?, ¿por ambición -las famosas treinta monedas de plata-? ¿O porque él también está frustrado al comprender que Jesús no es un líder político como Barrabás, que promete la solución rápida de la violencia a la opresión del pueblo judío?
Como sea, lo material -el dinero- siempre es un instrumento del que se sirve el Mal para buscar sus designios.
Pero Jesús, ¿qué es lo que siente? La pasión comienza cuando comprende que uno de sus amigos, con el que ha compartido muchas horas y caminos, y el cual fue testigo de muchos milagros y enseñanzas, lo ha traicionado. Qué dolor e inmenso vacío debe haber sentido! Qué frustración al no haber podido penetrar ese corazón de Judas, más que en lo superficial.
Nos trasladamos al Monte de los Olivos: Jesús ora y espera el momento de su aprehensión. Tiene mucho miedo, como nosotros, sufre pensando en lo que va a ocurrir. Los discípulos se quedan dormidos. Él les va a reprochar el no haber podido velar junto a Él. Cada uno está en lo suyo. Rezar está bien, pero el dolor siempre es “del otro”.
Y llegan los soldados a detener a Jesús. Judas lo entrega con un beso: la falsedad de nuestras relaciones humanas puesta en su máxima expresión. Un símbolo del afecto, puesto al servicio de la traición y la codicia. Es un símbolo también de nuestra superficialidad en las relaciones con los otros: queremos ser simpáticos, amables, ser  queridos, pero un “yo” tremendo se interpone entre ese “nosotros”. Los argentinos hace unas décadas que hemos adoptado la costumbre de besarnos, aún entre varones y entre desconocidos. ¿qué significa eso? Nada, si no hay verdadera comunión con el otro. Un gesto hipócrita adoptado porque “todo el mundo lo hace”.
Pedro saca su espada y corta la oreja del soldado. Otra vez la idea de que la violencia puede solucionar las injusticias.
Jesús es llevado a esas largas horas de interrogatorios. Afuera, Pedro, tal como se lo había dicho Jesús, lo niega tres veces. Todo está está bien, las ideas y las enseñanzas están buenas, pero mi cuero es mi cuero. Qué le vamos a hacer…Los otros discípulos se “borran”.
El sumo sacerdote y los miembros del Sanedrín interrogan a Jesús. El poder religioso no soporta que este humilde Rabí trascienda más que ellos en la sociedad. Ellos que tienen la llave de la vida, de la religiosidad y la piedad de todo el pueblo, ¿cómo van a someterse a las enseñanzas del hijo de un carpintero?
La religión vista como el cumplimiento de obligaciones formales, repleta de gestos y apariencias: los fariseos prolongan los hilos de sus mantos para mostrarse ante los demás muy piadosos. Pero Jesús, ¿cómo los ha llamado?…Ah si: “sepulcros blanqueados” Limpitos por afuera, pero inmundos por dentro. No se lo pueden perdonar!
Ya están decididos a matarlo porque es una piedra en sus zapatos que no están dispuestos a tolerar.
Interviene Poncio Pilatos, que quiere sacarse el problema de encima y se lo envía a Herodes (idas y vueltas en las disputas de “jurisdicciones” en los juicios que se prolongan tremendamente y no llega nunca la Justicia).
Herodes quiere ver “milagros”, pretende que le muestre Jesús su “magia”, tanto para asombrarse como para confirmar que es un personaje del cual hay que deshacerse, igual que con Juan el Bautista.
Jesús calla. Recibe en silencio el interrogatorio y la humillación de los poderosos. La soberbia y las acusaciones sin fundamento, con la sola justificación, de la maniobra política, con la afirmación del poder. ¿cuántas veces usamos nuestro “poder” para humillar, para someter a los otros?
¿Qué habrá sentido Jesús ante tanta humillación? Justo Él, que es el Hijo de Dios, el descendiente del Rey David? Desde lo humano podemos imaginar ese tremendo momento: la humillación frente  a un poder usado sólo para satisfacer las ambiciones, la codicia y no el bien para  todo el pueblo.
Vuelve a intervenir Pilatos. Es un político y un soldado. Sabe que debe tener precaución, porque estos judíos son un pueblo difícil, y fiel a sus instrucciones, no quiere irritarlos. Está intrigado. Le han hablado de Jesús: sus informes de inteligencia le dicen una cosa, pero los sacerdotes y levitas insisten en que este Jesús es un tipo peligroso.
Su mujer le advierte que no se meta con este profeta. Ha visto en sueños cosas horribles.
Pilatos duda, interpela a Jesús, y éste le responde. Le hace ver que no vino a cambiar el poder humano de los romanos -el imperio está a salvo-, porque no quiere desalojar al Procurador ni generar una revuelta violenta, como el tal Barrabás.
Pilatos piensa que si somete a Jesús a la decisión de la multitud, sus partidarios gritarán a su favor y así se hará justicia, salvando al inocente. Por eso elige seguir la tradición y somete a votación el destino de Cristo. Pero, para su sorpresa, los partidarios de Barrabás gritan más. Las mayorías han sido “compradas” por el poder económico y político de los levitas, los doctores de la ley, los miembros del Sanedrín. Hoy podríamos compararlo con la acción del “marketing político”, que maneja propaganda, redes sociales…
Pilatos tiembla. Su sentido de justicia romana se ve conmocionado: Yo no veo culpa en este Jesús!
Pero, el poder del dinero domina la votación: gritan por Barrabás.
¿Y qué hago con este Jesús?: Crucifícalo!!! Repite la multitud.
¿Qué hago? -se interroga internamente Pilatos-, Si cumplo con mi conciencia y con mi sentido de Justicia, tengo que soltar a Jesús, pero estos judíos son jodidos, me amenazan con ir con cuentos al César y mi poder puede tambalear.
Y bueh… en definitiva es un judío más, no un ciudadano romano, que estos ignorantes y brutos se hagan cargo de esta injusticia, yo me lavo las manos.
El poder político se desentiende de la Justicia finalmente. Lo importante es que no se altere el poder y no molesten.
Sin embargo, Pilatos quiere lavarse el hígado con una última burla, no ya contra Jesús, a quien tal vez ve como a un pobre desgraciado, sino contra los judíos que lo han obligado a tomar una decisión que va contra su conciencia: manda a hacer un cartel en latín, en griego y en hebreo, donde dice que Jesús es el Rey de los Judíos.
¡Qué afrenta para los judíos! Inmediatamente van a reclamarle que el cartel diga:  el que se dijo rey de judíos, y no el rey de los judíos. Pero Pilatos está harto: “lo escrito, escrito está”.
Jesús es entregado al correctivo tradicional de los castigados a la muerte injuriosa de la cruz: la flagelación. Sus carnes son desgarradas por látigos que tienen ganchos en sus puntas para dañar más. Los soldados romanos, es decir, la clase más baja de las fuerzas de ocupación, quieren divertirse a costa de este judío: se burlan, lo escupen y para terminar su “bullying”, le ponen una corona de espinas, lo cubren con un manto, como a un rey, le hacen reverencias burlescas, y culminan pegándole con una caña: así humillan a Jesús, pero también a los dominados judíos.
Allí pienso que no solamente los ricos y poderosos son los que generan injusticias…¿cuántas veces ha habido violencia de pobres contra pobres?
En definitiva, el ser humano, más allá del rol que le toca en la sociedad y de los bienes económicos de los que dispone, sigue siendo en esencia lo mismo: nace desnudo y muere desnudo. No hay diferencia entre ricos y poderosos y pobres y miserables a la hora de dar explicaciones de nuestra  conducta.
Y Jesús, ha sufrido la humillación moral, además de la tortura, tanto de ricos y poderosos, como de pobres empleados.
El camino del Calvario representa nuestra vida, donde Jesús asume nuestros dolores, nuestras frustraciones, nuestros pecados y contradicciones. Es empinado, se transforma en un espectáculo para los curiosos que van a ver a los condenados a muerte.
No hay vuelta atrás. Algunas mujeres piadosas quieren aliviar su sufrimiento, están conmovidas por tanta injusticia:  Hijas de Jerusalem, no lloren por mí, sino por ustedes y por sus hijos! Les dice Jesús, porque sabe que esta gente ha caído en una trampa mortal: están matando al que esperaron generación tras generación, al Hijo de Dios, al Mesías. Una paradoja terrible para el Pueblo Elegido.
Jesús cae varias veces, no puede más después de tanta tortura física.
Los soldados temen que no llegue al Gólgota vivo, por eso agarran a un fortachón que anda por allí, Simón de Cirene, y lo cargan con la cruz.
Jesús se deja “ayudar” en su camino de redención. Nuestros dolores, nuestros trabajos, nuestros servicios y sacrificios, pueden servir para ayudar a Jesús en su obra Redentora. Aquí entiendo muchas cosas y doy gracias a Dios por ese gran misterio.
Llegan al Gólgota y Jesús es clavado  en la cruz y elevado al cielo. Su cruz está entre dos bandidos. Se renuevan las burlas de la multitud, los gritos de dolor. “Si es el Mesías, que baje de la cruz y se salve a si mismo!”
Los soldados cumplen con lo habitual en este tipo de ejecuciones: se reparten las vestiduras, y como no quieren partir el manto, lo juegan a los dados. Parece que todo es diversión, aún cuando a nuestro lado está ocurriendo una gran tragedia.
Uno de los crucificados insulta a Jesús y le reclama que haga algo si es el Mesías. El otro a su vez, le pide a Jesús que lo tenga en cuenta, cuando llegue a su reino. Ha comprendido que el reino de Jesús no es de este mundo y que Jesús realmente es rey.
A los pies de Cristo está su madre y algunas mujeres piadosas, junto a Juan, el joven. Increíblemente, los hombres, que son los que se supone que son más fuertes y valerosos, están escondidos, han huido, y sólo están esas pocas mujeres llorando a sus pies. “Mujer ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre”…Jesús no se desentiende de su mamá: la quiere entrañablemente y la quiere proteger, y a su vez, la instituye como figura central de su obra redentora.
Entre tanto Jesús tiene sed, y siente una tremenda soledad: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? -repite el salmo profético-. Algunos han visto en esta expresión algo escandaloso: ¿Jesús ha perdido la fe? ¿No sabe que es el Hijo de Dios?
No es así, sabe cuál es su destino y su misión, pero también sufre el silencio de Dios y el abandono de nuestra condición humana, como tantos hombres y mujeres que sufren la soledad, el dolor, el miedo y la injusticia.
Él sabe que finalmente su sacrificio termina en Redención, por eso le dice a Dimas: “Te aseguro, que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.
“Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu” y dando un gran grito expiró.
Todo es silencio, se ha oscurecido todo, el velo del templo, orgullo de los judíos, en signo de escándalo y penitencia, se ha desgarrado, la tierra tiembla.
Un soldado romano se asusta y se ve conmovido: ¿qué ha pasado? ¿Qué signos son estos? ¿Acaso hemos matado a un Justo?
Pasan las horas… el Centurión ordena poner fin al sufrimiento de los condenados, por eso les manda a quebrar las piernas para acelerar las muertes. Pero al llegar a Jesús, lo ven muerto, pasan de largo. Para asegurarse, ordenan al soldado que lo atraviese con una lanza. Y allí del corazón de Jesús brota sangre y agua, para lavar nuestros pecados y para encendernos con su Misericordia.




domingo, 3 de febrero de 2019

SER PERSONA por Alejandro R. Melo

Hoy, algunos piensan que el ser humano se hace "persona" "progresivamente", es decir, según este pensamiento, no se es ser humano desde el mismo momento de la concepción sino desde vaya a saber qué momento, luego del nacimiento. Así, pueden justificar el asesinato de niños por nacer. Lo peor de todo, es que muchas personas que tienen educación, que se han formado en las ciencias, que tienen una carrera profesional, quieren aferrarse a esa idea. Habría que preguntarles ¿Qué las hizo persona? ¿Su intelecto?, ¿Su edad?, ¿Su educación?, etc. etc. ¿Un niño de un año, no es persona? ¿y uno de un día?...¿por qué un niño en el seno de su madre no es persona? ...y quien tiene sus facultades intelectuales disminuidas, ¿deja de ser persona?, y quien no tiene todas sus capacidades ¿es menos persona? Antes solían decir que antes de nacer no se era "ser humano", es decir, quisieron borrar esta palabra para justificar los abortos, sin embargo, la ciencia ha demostrado sin lugar a dudas que la vida comienza con la concepción. Antes podía haber dudas, ahora ya no. Entonces, inventaron esto de la personalidad progresiva, ya que no pueden negar que la vida comienza con la concepción. Penosa idea para justificar los homicidios. Así se justificaron todos los que mataban a pequeños con deficiencias, a los que promovieron la muerte de los ancianos desvalidos, y a los dictadores que promovieron la supresión o esclavitud de pueblos enteros.
Dios, sin embargo, tiene otro pensamiento: en el Antiguo Testamento ya le dice a Jeremías: "Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones". Fijémonos: no le dice, cuando naciste te encomendé una misión, incluso, le dice "antes de que te concibieran"...Y la misión es lo que significa "ser persona". Cada uno de nosotros tiene asignada una misión, por pequeña que nos parezca. Por eso cada ser humano, reconocido como "persona" es valioso. Queridos amigos, espero que en la Argentina nos pongamos en marcha para terminar con la cultura del descarte, y que construyamos una Patria de hermanos, donde todos y cada uno de nosotros seamos valorados como personas, como Hijos de Dios, como hermanos. Bajemos los prejuicios del desprecio, del orgullo, de las "políticas del consumo", y abramos el corazón, y allí, en ese rinconcito podremos, tal vez, escuchar suavemente la voz de Dios: "Antes de formarte en el vientre materno yo te conocía..."

lunes, 16 de abril de 2018

Ten piedad y perdóname. Oración.

Señor, ten piedad de mí.


Ten piedad y perdóname por mi pereza,
que no me deja asumir mis responsabilidades para transformar el mundo
y trabajar para tu Reino.


Ten piedad y perdóname por las veces que he discriminado a otros o los he juzgado,
aún sin darme cuenta, como consecuencia de los lugares comunes, de los prejuicios
culturales, de mi falta de caridad.


Ten piedad y perdóname por las veces que me he sentido solo y desamparado,
cuando Tú estabas ahí y con solo pedirlo recibiría tu consuelo.


Ten piedad y perdóname por las veces que he buscado en las cosas materiales
el consuelo de mis frustraciones.


Ten piedad y perdóname por las veces en que dejé que mis instintos
sobrepasaran mi caridad,
y por las veces que me dejé arrastrar por ellos, olvidando que el Espíritu vivifica.


Ten piedad y perdóname cuando desatendí mis obligaciones de estado.


Ten piedad y perdóname por mi soberbia
 y por las veces en que intenté vanagloriarme frente a mis hermanos
y mostrarme sabio e inteligente,
sin que mi intención fuera enseñar con caridad,
sino enaltecerme egoístamente.


Ten piedad y perdóname cuando no tuve paciencia con los equivocados.


Ten piedad y perdóname por las veces cuando tosudamente he sostenido
cosas que están equivocadas, por el solo hecho de afirmar  mi ego.


Ten piedad y perdóname por las veces en que no he dicho la verdad,
y también, por las veces en que la he dicho cruelmente,
sin tener en cuenta la caridad, y la delicadeza del corazón ajeno.


Jesús, ten piedad y perdóname, porque Señor, ¿a quien iremos?
Solo Tú, tienes palabras de Vida Eterna.

Amén.

viernes, 6 de abril de 2018

SALVE! Hermosa oración a la Santísima Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén

jueves, 18 de enero de 2018

La espada de Damocles y el laberinto. Reflexión de Alejandro R. Melo


Lo encontré en un viejo cuaderno, algunas reflexiones escritas el 6/11/2006 (era una época muy difícil de mi vida y mi familia). Ahora las comparto, no para que me den su aprobación o para que me tiren piedras. Simplemente para aquellos a los que puedan serle útiles:

Acabo de leer un artículo sobre el origen de la leyenda de la espada de Damocles. Bueno, no me queda muy en claro si fue leyenda o realidad.
Lo sustancial de la historia es que un rey llamado Dionisio II de Siracusa (Sicilia), en el siglo IV antes de Cristo, tenía un cortesano llamado Damocles.
Este Damocles era un adulador del rey y queriendo congraciarse con él, se la pasaba difundiendo en todos lados el gran poder y riqueza de que gozaba su soberano (un vulgar “chupamedias”, diríamos hoy).
La verdad es que Dionisio ya estaba un poco cansado de la charlatanería de Damocles, así que decidió escarmentarlo.
Le propuso intercambiarse con él por un día, así podría disfrutar de su suerte. Esa misma tarde Damocles gozó de un gran banquete y de la atención de las cortesanas. Sólo al final miró hacia arriba. Ahí es cuando cayó en la cuenta que sobre el trono que él ocupaba temporalmente, colgaba una afilada espada atada por un único pelo de caballo. La espada estaba ubicada directamente sobre su cabeza. Enseguida, al comprender el peligro, se le fueron las ganas de comer y pidió al rey abandonar el puesto, diciendo que ya no quería ser tan afortunado.
De esta manera, pudo comprender lo efímero e inestable de la prosperidad y el lujo de la monarquía.
Como sea, la vida nos pone cada tanto en situaciones límite, a partir de las cuales se olvidan todos los aspectos banales de nuestra existencia. Se nos quita el apetito y perdemos el deseo sexual. Todo nos pone en alerta para combatir el peligro al que estamos expuestos.
La vida es tan vana, tan impredecible y fugaz, que unos años, unas décadas, pasan como una hoja que se lleva el viento del otoño.
El tema, es saber si esta realidad de inestabilidad existencial tiene que paralizarnos o descubrir cómo enfrentar dichas circunstancias, pensando en superarlas, o sucumbir en el intento. Huir o pelear, ese es el dilema real de la vida emocional.
Pareciera que que como dijo alguna vez el poeta, la única manera de salir de un laberinto es por arriba.
Ahora bien, ¿qué significa “arriba”?
Todavía tengo que descubrirlo, pero a tientas, como quien se abre paso en medio de la oscuridad puedo imaginar algunas respuestas.
La primera respuesta al peligro sin dudas debería ser tranquilizar la mente, y pensar que sin nosotros mismos, como individuos, no hay solución posible a los problemas -como si el instinto se racionalizara-.
A partir de allí, supongo qué hay que tratar de tomar distancia del problema -por complejo y doloroso que sea- poniéndolo en perspectiva.
¿Cómo? Pensando si en el contexto de nuestra existencia es tan importante como para dejar la vida por él. Pensando qué visión tendríamos del problema en un año, o simplemente en unos meses. O qué significaría este problema en el transcurrir de nuestra vida. No solamente de nuestra vida actual, sino nuestro pasado y nuestro futuro. Si es necesario, ponerlo en la dimensión humana y pensarlo en función de la historia de la humanidad. Si ello no alcanzara, elevarnos en el pensamiento a Dios, y procurar entender qué significaría el problema que hoy nos angustia en el contexto de la eternidad.
Tal vez esto parezca muy exterior, muy divagante, porque nuestros problemas son nuestros y no del vecino; ni siquiera de quienes nos quieren. El dolor nos duele a nosotros, no a quienes se “conduelen” con él.
Como dice el dicho: nacemos y morimos solos.
Los demás, más cercanos o más lejanos, son sólo nuestros compañeros de ruta.
Pero hay algo tan íntimo que nada ni nadie puede quitarnos: nuestra intimidad con Dios, que todo lo penetra. Que es omnipresente y omnisciente. Dios, que es infinitamente misericordioso.
Esa seguramente es la culminación de nuestra evolución. La única forma absoluta de salir del laberinto.

miércoles, 8 de febrero de 2017

A orillas del río (viejas obviedades) por Alejandro R. Melo



A las orillas del río que pasa.
¿Qué me dice el río?
Es la metáfora de la vida que fluye…
Nace allá muy lejos como un pequeño chorrillo o un brote surgente y comienza a correr naturalmente.
Aunque quisiera ir para otro lado, siempre me lleva a donde vá.
¿Y a dónde va?
A su desembocadura, que es el final de mi vida. Aunque quisiera permanecer, igual llegará…
Si bien tiene muchas piedras que se oponen a su paso, él las pasa por encima, o las esquiva desviándose temporalmente su curso, o las desgasta con su voluntad de paso inquebrantable.
Fluye el río de la vida y se alimenta de la dura roca que va dejando sus minerales en el agua.
Pero ¿ahora dónde pasa?, ya no están esas rocas, habrá otras, aunque el río arrastra sus minerales.
Es un símbolo del paso...el pasado queda atrás, el río fluye. No es que el pasado no sea importante, que no haya alimentado al río. De hecho, le ha dejado sus minerales, pero el río lo deja atrás...lo deja ir sin tristeza...sigue su ruta burbujeante y sonora para ir al encuentro de su futuro, de su destino.
Días de tormenta, de lluvia, de dulce calma, de frío o de calor vendrán, y ya pasaron también, pero el río sigue su marcha, sin saber si le espera un suave remanso, un rápido o una terrible catarata. No importa...el río sigue su marcha, mientras va cantando su canción que es una alabanza al Creador.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Jesús en el supermercado. Relato por Alejandro R. Melo

Mañana de sábado en el supermercado. Mi mujer y yo empujando sendos carritos de mercadería. En el sector frutas llenamos algunas bolsas con naranjas, unos damascos y yo quería comprar un poco de uva, pero ella se opuso diciendo que estaba muy cara. Unos minutos después, llegamos a una góndola donde había ananás. Mi mujer los toca y me dice: -tu hija me pidió uno, pero están muy caros.
-llevalo- le digo.
Entonces me mira sonriente y me dice: -no se si se lo merece. Se lo merece no?
Yo le respondo, no haciéndome cargo de la broma: -No lo compro porque se lo merezca sino porque es mi hija.
Fue en ese momento que me vino a la cabeza unas palabras de Jesús en el Evangelio: “Si ustedes que son malos, dan cosas buenas a sus hijos, cuánto más vuestro Padre, que está en el cielo, dará cosas buenas a los que se lo piden”.
Entonces comienzo a reflexionar: ¿qué significa esta Palabra de Cristo?
Lo primero que me viene a la mente es esa comparación entre padres: No le damos cosas buenas a nuestros hijos porque hagan méritos para obtenerlas, sino porque los amamos, porque queremos que reciban los mejor. Y Dios hace eso con los hombres, porque es Padre. Enseguida me doy cuenta de que todo el mensaje de Jesús revela a un Dios Misericordioso, no a un dios vengador, que recurre al estilo de los ídolos y los dioses mitológicos al ojo por ojo, diente por diente. Dios no necesita pagarnos con la misma moneda nuestras faltas, nuestras ingratitudes. Es demasiado grande, lo ve todo, lo sabe todo, pero por sobre todo es Padre, y siempre está dispuesto a abrazarnos tiernamente.
Ahora, decir que es Padre es mucho más que decir que es Creador: pudo ser un Dios Creador ajeno a los sucesos que son consecuencias del origen: la razón seminal de la que hablaba San Agustín no se quedó en el origen. Cada tanto, y cuando Él lo decide, interviene en la vida de los hombres. Esto lo diferencia de la visión de un Dios ajeno, de un Dios extraño a la vida de los hombres. Tampoco es el dios panteísta de los orientales que confunde al Creador con la Creación.
Entonces caigo en cuenta que el mensaje de Jesús es revolucionario: ya nadie puede apropiarse de Dios, porque Dios es Padre de todos, no solo de los judíos, no solo de los que creen, no solo de los buenos, no solo de los “elegidos”. Dios es Padre de todos, pero no es dueño de todos: respeta la libertad de las criaturas. El cristianismo es la verdadera religión del Amor. Revela el rostro de Dios verdadero, ese que los hombres no podían ver porque es tan brillante que enceguece. Con Jesús, Dios se hace hombre, camina entre los hombres, trabaja con los hombres, asume la pobreza, las miserias y carga con el pecado, la enfermedad y la muerte.
En este punto de la reflexión de supermercado, yo sentía que mi alma estaba llena de alegría, de gozo, de contemplación. Me imaginé lo que serían las meditaciones de los monjes!
Luego pagué y volvimos para casa, y por supuesto llevando el famoso ananá con nosotros, y pensando en escribir este relato, para perpetuar el momento gozoso de la iluminación.
Hacia la noche, y pensando en darme a escribir, me dije: -tengo que buscar el pasaje del Evangelio que motivó mis pensamientos.
Busco en internet, para luego encontrar al día siguiente, hoy domingo, en el Evangelio.
Ahí me doy cuenta que existen dos relatos distintos en los evangelios de Mateo y de Lucas sobre el mismo hecho (Mateo 7:11 y Lucas 11:13). Pero con una leve diferencia: en el de Mateo, Jesús habla de “dar cosas buenas” a los hombres que se lo pidan, y en el de Lucas, “de enviar el Espíritu Santo” a los hombres que se lo pidan.
¿Cuál de los dos es el correcto? ¿Cuáles fueron las verdaderas palabras de Jesús en dicha ocasión?
Allí comprendí que los dos relatos son verdaderos y dicen lo mismo: uno habla de “cosas buenas” que es lo mismo a decir: dones espirituales. Y quien trae los dones espirituales a los hombres es el Espíritu Santo.
Jesús nos enseña, también en el supermercado.








jueves, 25 de agosto de 2016

DIVAGUES ASTRONÓMICOS por Alejandro R. Melo



Contemplando las estrellas pienso en todo el tiempo que he perdido sin mirar para el cielo...y cuanto tiempo hace que las estrellas me contemplan.
Pienso en lo que nos convertimos al deshacerse nuestro cuerpo físico y en lo que hemos sido desde el principio de los tiempos antes que el alma anidara en nuestro cuerpo. Pienso en los que creen que el universo nació solo y en los que piensan que nunca nació y que es eterno.
Una serie de contradicciones se derivan de todo ello: ¿cómo donde no hay nada aparece algo? Y ¿cómo ese algo no es una masa amorfa como el resto de la materia, sólo moldeada por los cataclismos, pero inerte. He leído últimamente varios estudios científicos y no terminan de explicar sus contradicciones. ¿Cómo es el salto de la materia inerte a la vida?
Hay algo que falta, porque contra toda lógica el universo biológico se ordenó, se reprodujo, se seleccionó, pasó por muchas catástrofes naturales y se reconstruyó. San Agustín decía que Dios había puesto la “razón seminal” de toda la Creación, de la cual han derivado todas las cosas inanimadas y animadas. Y pienso, animada viene “anima” o sea, de alma. Tal vez, ese sea el eslabón que le falta a la ciencia: reconocer el soplo divino en la vida.
Muchas dudas tienen aún los científicos: hasta principios del siglo XX creían que la galaxia era todo el universo. Hubble probó que la Vía Láctea era sólo una entre millones de galaxias y obtuvo la evidencia visual. Corría el año 1923, era el mismo año en que nacía mi mamá. Apenas hace poco más de 90 años, lo cual es nada en la historia humana y en los millones de años de la tierra. Luego probaron algo impensado: el Big Bang, es decir, que el universo, por lo menos el nuestro, nació de un solo punto, y ello si lo pensamos bien, tan sólo hace unos 13.800 millones de años.
Por las leyes de la física sabían los científicos que esa expansión provocada por la explosión llegaría un momento en que se desaceleraría, es decir, la lógica es que de la violenta explosión inicial el universo se expandiera a una velocidad que poco a poco iría perdiendo energía. Pero para sorpresa de todos, resulta que luego viene a descubrirse que el universo no sólo se está expandiendo (lo cual sería lógico por la inercia de la explosión), sino que increíblemente, cuanto más se expande, más se acelera esa expansión! El corrimiento al rojo en el espectro demuestra claramente esta realidad. Entonces aparece la búsqueda de la razón de este hecho increíble. Descubren los agujeros negros (que nadie sabe exactamente donde dan y que función tienen), y algo inesperado para justificar la expansión: la energía oscura (que sería justamente una fuerza antigravitacional o anti gravitatoria, responsable, según se supone, de que el universo se acelere en su expansión), y la materia oscura (inaccesible para la luz, por lo menos en las frecuencias que podemos percibir), pero responsable de efectos gravitacionales sobre las galaxias y estrellas. Todo esto se ha descubierto en poco más de un siglo.
Pienso en que debería estar mareado: la tierra está girando en este preciso momento sobre su eje a la vertiginosa velocidad de 1.800 km/h. En realidad nada, si pensamos que su traslación es de 108.000 km/h. Pero que también se mueve el sol junto con todo el sistema solar a una velocidad de 700.000 km/h alrededor de la galaxia. Pero el número es pequeño si pienso que la Vía Láctea se desplaza ahora mismo por el universo a una velocidad de 2.5 millones de km/h. Qué mareo!
En fin, yo miro a las estrellas, y ellas me miran a mi: sólo que cuando ellas me miran yo todavía no había nacido y cuando yo las miro, en muchos casos, ellas ya no existen hace miles de años. Curiosidades de la vista, que percibe la luz que sólo se traslada a 300.000 km/segundo en un universo observable de unos 93.000 millones de años luz (la luz recorre en un año algo así como 10 billones de kilómetros).
Vuelvo sobre mí, y recuerdo que allá por 1974, mi mamá se volvía en micro de San Bernardo, dejándonos a mi padre y a mí en la playa, porque mi abuela estaba muy enferma. Recuerdo que me contó que miraba por la ventanilla las estrellas y que se dijo que mientras pudiera ver una estrella muy brillante, mi abuela viviría. Bueno, mi abuela sobrevivió (al menos por esa vez), y mi madre regresó a sus vacaciones.
Algo que me convenció de mirar al cielo son los años y la certeza que la astronomía nos hace más humildes. Nos hace comprender lo pequeño que somos y a la vez nos hace ver que todos los importantes problemas por los que diariamente nos desvelamos, no son nada en la historia de la humanidad, en la historia del planeta, del sistema solar, de la galaxia, del universo (¿de los multiversos?). A la luz de la astronomía, toda la soberbia de los prepotentes se hace ridícula, risible.
Polvo al polvo, “recuerda hombre que eres polvo y en polvo te convertirás”, en realidad somos átomos, antes de ser hombres y luego de serlo también, sólo que organizados de otra forma.
Un gran misterio es el hombre, tan presuntuoso, y sin embargo tan débil que una simple bacteria es capaz de hacerlo desaparecer.
Durante mucho tiempo se buscó la armonía en el universo: los círculos perfectos, reflejos de la perfección del Creador. Luego aparecieron los que hablaron del caos, para finalmente comprender que aún en el caos hay una cierta armonía, una forma de organizarse que tal vez no está a simple vista o que va más allá de nuestro entendimiento.
El hombre, como diría el filósofo, “está en el horizonte de la eternidad”, con los pies en la tierra pero contemplando el Cosmos y aún más allá. ¿Qué es esa sed de trascendencia? ¿Sólo un epifenómeno de la soberbia humana? Sólo el hombre sobre la faz de la tierra es capaz de meditar sobre el más allá...El mono que habla está hace miles de años estupefacto: ¿qué hay más allá?
Y en toda nuestra pequeñez, adivinamos que nada es porque si, nada es casual: “Dios no juega a los dados con el universo” –dijo Einstein-.
Pero aún así necesitamos algo más personal, algo que nos acurruque como una madre tierna, algo que nos proteja y nos escuche, entonces pensamos en el Creador como nuestro Salvador.
Pienso en lo que dijo San Agustín: “¿Cómo es que somos tan pequeños, si somos un tesoro para Ti?”, para sólo rendirse a su intuición o a su fe, como mejor nos guste:“Porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Tí”.



lunes, 4 de abril de 2016

Memorare (Oración de San Bernardo a la Santísima Virgen María)





Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,

que jamás se ha oído decir

que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,

implorando vuestro auxilio,

haya sido desamparado.


Animado por esta confianza, a Vos acudo,

oh Madre, Virgen de las vírgenes,

y gimiendo bajo el peso de mis pecados

me atrevo a comparecer ante Vos.

Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas,

antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

UNA VARICE EN MI PIERNA. Relato de Alejandro R. Melo




Cuando yo era chico, de unos ocho o nueve años, me apareció en mi pierna izquierda una várice. La verdad es que no sé de dónde había salido. La realidad es que esa várice era bien visible en mi pantorrilla. Y me dolía bastante. Era muy molesta. No podía jugar en el patio del colegio sin que me doliera.
Mi mamá le comentó a mi tía el asunto, y ésta le contó de una mujer que según ella, “curaba”. Es decir, era lo que en el campo suelen llamar una “curandera”.
La gran mayoría de estos personajes son mistificadores, farsantes que tratan de sacarle el dinero a la gente, y sólo lucran con la necesidad y el dolor ajenos. Este tipo de personajes siempre me pareció despreciable.
Pero en el caso que te cuento había algo que distinguía a esta mujer de esas típicas curanderas. Por empezar no hacía ningún tipo de menjunje, brujería o cosa por el estilo, y fundamentalmente no cobraba un solo centavo por lo que hacía.
La mujer afirmaba que una noche tuvo una visión: se le había aparecido un soldado romano que al parecer era un santo, pues tenía un aura especial sobre su cabeza. La verdad es que en esta primera visión, el soldado no se presentó, sino que simplemente se limitó a mirar a la mujer, y luego desapareció. La mujer impresionada, y deduciendo que se trataba de un santo, envió a su marido a la santería a buscar estampitas de santos que tuvieran el atuendo de soldado romano, pero había varios santos que se vestían con el atuendo del imperio romano. El soldado volvió a presentarse otra noche ante la mujer. Entonces ésta le preguntó: ¿Quién sos? ¿Cómo te llamás?
Soy Sebastián, -le dijo el aparecido.
La mujer mandó nuevamente a la santería a buscar una estampa de San Sebastián, pero a pesar de revolver entre todas las estampas no aparecía la imagen del pretendido santo.
Finalmente, en otra santería, el hombre encontró una estampa de San Sebastián. Efectivamente era la imagen de un soldado romano, tal vez una de las pocas en que se mostraba a San Sebastián vestido con el típico atuendo de soldado romano, ya que en todas las estampas aparecía semidesnudo y presa de las flechas que atravesaban su cuerpo. Se trataba de un mártir, que al convertirse al cristianismo provocó la ira de su emperador, quien le exigió elegir entre Cristo y seguir siendo el Jefe de la Guardia del Emperador. Sebastián amaba a Cristo, y tanto odio desató su elección, que el Emperador lo mandó a soportar las peores torturas, para arrojar luego su cuerpo como desperdicio.
La mujer finalmente reconoció en la estampa la imagen del soldado que se aparecía.
En las siguientes apariciones, el soldado santo le indicó distintas cosas a la mujer. Entre ellas cómo debía rezar a Jesús invocando su intercesión.
Aquel día, la mujer que vivía en una casa prolija de clase media, en un barrio de las afueras de Buenos Aires, nos hizo pasar. Luego nos hizo sentar en círculo en torno a una pequeña mesa que tenía una jarra de agua y un solo vaso.
La mujer se santiguó, cerró los ojos y rezó imponiendo su mano sobre la jarra de agua.
Luego sirvió agua en el vaso y bebió de él. Cuando culminó de beber pasó el vaso y nos hizo beber uno a uno de esa agua.
En ese momento declaró: San Sebastián está entre nosotros y ésta es la manera que tiene de comunicarse con nosotros. Nos tomamos de las manos y rezamos un Padrenuestro y un Ave María.
Finalmente impuso su mano sobre mi cabeza. ¡Cuánta fe tiene este chico! –dijo- y extendió su mano sobre mi pierna, colocándola sobre la zona donde estaba la várice. Rezó durante un rato. Al poco tiempo yo comencé a sentir un intenso calor en la zona. Cuando la mujer retiró la mano, la várice ya no estaba allí. Nunca más me volvió a molestar y nunca más la várice fue visible.
No sé si fue un milagro. Solo sé que ocurrió en mi cuerpo y fueron varios los testigos de mi familia que presenciaron el hecho. Una o dos veces más vi a la mujer, pero luego le perdimos el rastro. Yo era pequeño por entonces, pero este hecho me marcó para toda mi vida y me demostró que, de alguna manera, lo maravilloso existe.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Lo que nos hace sufrir. El pensamiento de Viktor Frankl -tomado de Facebook-



Este es un ensayo de Viktor Frankl,
neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y el
fundador de la disciplina; que conocemos hoy como Logoterapia.

No eres Tú, soy Yo...
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.

Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.

Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:

"Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?

No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella... ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.

"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

lunes, 1 de diciembre de 2014

Lo importante. Palabras de la Biblia.

“Ya se te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno y lo que el Señor te exige: Tan sólo que practiques la justicia, que quieras con ternura y te portes humildemente con tu Dios.” (Miqueas 6, 8).

martes, 25 de noviembre de 2014

La Travesura. Relato por Alejandro R. Melo

Luego de dejar el comedor, salíamos ordenados al recreo largo de la una, donde se desataban todas nuestras energías duramente reprimidas por la rígida disciplina.
Mi timidez y gran miedo al castigo no me impedían seguir a mi diminuto amigo Scala corriendo por los pasillos de los dormitorios de los curas del centenario Colegio San José. Eran oscuros y tenían algo de misteriosos, y además estaba estrictamente prohibido a los alumnos transitar por esas zonas. Nos imaginábamos que se nos podía aparecer el fantasma de algún viejo mazorquero de Rosas. De tanto en tanto, el que si se nos aparecía era el Padre Gabriel con su voz ronca, y nos retaba medio en serio, medio en broma (no podía disimular la risa que le provocaba vernos correr asustados luego de que nos advertía, exagerando su voz de ultratumba: ¿Que están haciendo aquí? ¿No saben que está prohibido andar por los pasillos de las piezas de los curas! ?).
Pero nuestra convocatoria al misterio se volvía a repetir. Teníamos siete años y casi nada sabíamos de la vida, así que varias veces nuestra correría terminaba gritando: Viva Perón! . Era una máxima transgresión, porque alguno nos había contado que estaba prohibido pronunciar ese nombre...

lunes, 17 de noviembre de 2014

Agonía por Alejandro R. Melo

Hay días que pesan. Cuando el alma lucha en sus contradicciones 
y sus decepciones; cuando el corazón nos hace beber su amargo reproche. Pero también hay que aprender a liberarse de esa pesadez: el sol, el cielo, el universo y más allá Dios. 
Y en un retorno maravilloso, nos cubre la luz, nos rodea la energía positiva y nos embriaga el amor.