jueves, 30 de junio de 2011

Los errores judiciales y la tortura por San Agustín

Del error en los actos judiciales de los hombres, cuando está oculta la verdad

¿Y qué diremos de los juicios que forman los hombres a otros hombres, juicios que no pueden faltar en las ciudades más tranquilas? Cuán miserables son y dignos de compasión, pues los que juzgan son los que no puede ver las conciencias de aquellos a quienes juzgan. Por ello muchas veces son forzados, a costa de los tormentos de testigos inocentes, a buscar la verdad de la causa que toca a otro.
Cuando sufre y padece uno por su causa y, por saber si es culpa de le atormentan, siendo inocente, sufre una pena cierta por una culpa incierta, no porque esté claro y averiguado que haya cometido tal delito, sino porque se ignora si lo ha cometido. De esto se sigue, por regla general, que la ignorancia del juez viene a ser la calamidad del inocente.
Y lo que es más intolerable y lastimoso, y más digno de ser llorado, si fuese posible, con perennes lágrimas es que atormentando el juez al delatado, por no matar con ignorancia a inocente, viene a suceder por la miseria de la ignorancia que mata atormentado e inocente, a quien primero dio tormento por no matarle inocente Porque si éste tal, conforme a la sabiduría e inteligencia de los filósofos, escogiere huir antes de esta vida que sufrir tales tormentos, confesará que cometió lo que no cometió. Condenado éste y muerto, aun no sabe el juez se quitó la vida a un culpado o a un inocente; a quien, por no matarle por ignorancia a inocente, había atormentado; y así dio tormento por descubrir la verdad a uno libre de delito, y no sabiéndola, le dio la muerte.
En semejantes densas tinieblas como estas de la vida política, pregunto: ¿se sentará en los estrados por juez un hombre sabio, o no se sentará? Seguramente se sentará, porque le obliga a ello y le trae compelido a este ministerio la política humana, y el desampararla lo tiene por acción impía y detestable. Y no tiene por acción abominable el atormentar en causas ajenas a los testigos inocentes; el que los acusados, vencidos por la fuerza del dolor, y confesando lo que no han hecho, sean castigados, siendo también inocentes y sin culpa, habiéndoseles ya atormentado primero siendo inculpables; y que, aun cuando no los condenen a muerte, por lo general, o mueran en los mismos tormentos, o vengan a morir de resultas de ellos. ¿Acaso no se observa que algunas veces, aun a los mismos que acusan, deseosos seguramente de hacer bien a la sociedad humana, porque las culpas no queden sin el debido castigo, y porque mintie1ron los testigos, y el reo se conservó valeroso en los tormentos, e inconfeso, no pudiendo probar los delitos que le acumularon, aunque se los imputaron con verdad, el juez que ignora esta circunstancia los condena?
Tantos y tan grandes males como éstos, no los tienen por pecados, por cuanto no lo hace el juez sabio con voluntad de hacer daño, sino por la necesidad fatal de no saber la verdad, y porque le impulsa la humana política dándole el ministerio peculiar de administrar la justicia. Esta es, pues, la que por lo menos llamamos miseria del hombre, cuando no sea malicia del sabio. ¿Cómo es posible que atormente a, los inocentes y castigue a los inculpados por la necesidad de no saber y precisión de juzgar, no contentándose con ser irresponsable, sino teniéndose por bienaventurado? Con cuánta más consideración y humildad, reflexionando en sí mismo, reconocerá en esta necesidad la miseria, y la aborrecerá por sí misma. Y si conoce la piedad, exclamará a Dios, diciéndole: «Líbrame, Señor, de mis necesidades.»

viernes, 13 de mayo de 2011

AÑORANZAS, chacarera de Julio Argentino Jeréz

Cuando salí de Santiago
todo el camino lloré
lloré sin saber porque
pero si les aseguro
que mi corazón es duro
pero aquel día aflojé

Dejé aquel suelo querido
y el rancho donde nací
donde tan feliz viví
alegremente cantando
en cambio vivo llorando
igualito que el crespín

Los años ni la distancia
jamás pudieron lograr
de mi memoria apartar
y hacer que te eche al olvido
ay mi Santiago querido
yo añoro tu quebrachal

Estribillo
Mañana cuando me muera
si alguien se acuerda de mí
llévenme donde nací
si quieren darme la gloria
y toquen a mi memoria
la doble que canto aquí

En mis horas de tristeza
siempre me pongo a pensar
como pueden olvidar
algunos de mis paisanos
rancho padre madre hermanos
con tanta facilidad

Santiagueño no ha de ser
el que obre de esa manera
despreciar la chacarera
por otra danza importada
eso es verla mancillada
a nuestra raza campera

La otra noche a mis almohadas
mojadas las encontré
mas ignoro si soñé
o es que despierto lloraba
o en lontananza miraba
el rancho aquel que dejé

Tal vez en el campo santo
no haya lugar para mí
paisano le via pedir
que cuando llegue el momento
tírenme en campo abierto
pero allí donde nací

ALMA CHALLUERA chacarera de Cristóforo Juárez y Carlos Carabajal

Me voy camino del río
para sentarme en la arena
y gozar de la frescura
de la mañana serena

Quiero ver a los pescados
brillando el sol mañanero
palpitantes las agallas
y oler el viento challuero

Los dorados relucientes
son rastros de las auroras
que en la arena de la playa
su corazón atesora

Sangre y espuma en la arena
corazón del mismo río
escamas de plata y oro
blasones del amor mío

Me voy camino del río
cantando la chacarera
y llevo dentro mi pecho
todas mis ansias challueras

Quiero ver a las challueras
con la falda en la rodilla
cuando espantan las mojarras
chimpando cerca la orilla.

Quiero ver a flor del agua
nadando al bagre moreno
y sentirme dentro el agua
a mis dolores ajenos

La Amorosa, zamba de Oscar Valles y música de los Hnos. Diaz

Arden mis labios por ti
muriendome de amor
por que eres mi dueña
santiagueña de mi corazón

Temblando vuelves a mi
dejandome tu adios
tus manos pequeñas
santiagueña de mi corazón

Dormiran mis ojos sobre tu pelo
como en las abras el sol
amorosa flor de mi tierra
miel santiagueña dulce como el mistol

Mis sueños te sueñan
santiagueña de mi corazón

Lloran mis ojos por ti
lagrimas de pasión
si tu me desdeñas
santiagueña de mi corazón

Rezo tu nombre al partir
llamandome tu voz
carita risueña
santiagueña de mi corazón

miércoles, 9 de marzo de 2011