miércoles, 30 de diciembre de 2020

Ante el desánimo, es mejor pensar en el Plan de Dios. Reflexión por Alejandro R. Melo

Cuando era adolescente, el Padre Bruno Ierullo, -a quien agradezco profundamente tantas bellas enseñanzas-, nos hablaba del "problema del mal". Lo hacía tomando dos ejemplos: uno del Libro de Job (a quien los amigos le endilgaban que le habían ocurrido sus desgracias porque era pecador, echándole la culpa, aunque Job era un hombre justo) y el relato de la historia del Capitán Seneguiriov y la muerte de su pequeño hijo IIiúshenchka, de la novela de Fiódor Dostoyevski, "Los hermanos Karamazov".
¿Por qué Dios permite el mal?
Y ante la tentación del desánimo, me vienen a la mente las respuestas profundas del desconocimiento que tenemos del Plan de Dios, que se ven plasmadas en la misma muerte de Jesús en la Cruz. El plan de Dios es misterioso, no tiene tiempo ni espacio que lo limite, tal como está escrito: "el cielo y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará".
Dios respeta profundamente la libertad del hombre, tanto que permite que Adán y Eva, se aparten de la vida de la gracia. Ellos no lo verán, pero mucho tiempo después, el Plan de Dios se hizo Carne y Habitó entre nosotros, para la Redención de todos los que aman y creen en Él.
Igual que nosotros, los peregrinos de Emaús, iban apenados en el camino, pensando decepcionados, que se había perdido la esperanza luego de que los políticos, sumos sacerdotes y doctores de la ley habían llevado a la muerte a Jesús. Pero junto a ellos, comenzó a caminar el desconocido, que les explicó una a una las profecías que hablaban de Hijo del Hombre, y cómo era el verdadero Plan de Dios para la humanidad.
Hay también una certeza: en el fin del camino personal nos espera un juicio. Como diría San Juan de la Cruz: "En la tarde de la vida, te examinarán en el amor". No en el amor romántico ni sensiblero, no en el amor sexual y pasajero, sino en el verdadero Amor: aquel que da sin esperar nada, aquel que tiene el coraje de reconocer en el otro a su hermano, -como Hijo del mismo Padre-. Entonces, y cuando suene la trompeta del Ángel, el Señor dirá a los hicieron el bien: venid a mí, y a los que prefirieron vivir en el egoísmo, la violencia, la mentira, la codicia, la corrupción, el desprecio por la vida: "Apártense de mí, ejecutores de maldad".

sábado, 18 de julio de 2020

SILVIO MARZOLINI. Evocación por Alejandro R. Melo




Y si, acaba de partir, para jugar en los campos del cielo.
Silvio Marzolini, el ídolo, el mejor número tres del mundo en el Mundial de 1966, el mejor defensor lateral izquierdo de todos los tiempos del fútbol argentino.
Si, se fue, vistiendo la camiseta de Boca Juniors, que tantas tardes de domingo enalteció con su prestancia.
Se fue uno de esos irrepetibles. Caballero del fútbol. Congruente con sus principios.
Lo recuerdo desde que mi papá me llevaba a la Bombonera ¡Qué emoción! ¡Cuánta alegría!: por dos razones, una por compartir esos momentos inolvidables con el viejo, que era un ser extraordinario, lleno de bondad, y la otra, por estar en ese majestuoso estadio que vibraba, que latía... Allí estaba Silvio, junto con tantos otros que llenaban mi cabeza y mi corazón de niño.
Allí estaba Antonio Roma, el gran arquero, allí también Rattin, el gran capitán de la Selección, que después de retorcer el banderín, el día maldito en que un alemán lo echó frente a Inglaterra, no tuvo más genial irreverencia que sentarse en la alfombra de la reina. Allí estaba Ángel Clemente Rojas, y también el "Tanque" Rojas, Pianetti, Zarich...lo acompañaban en la defensa el "Chapita" Suñé, Rogel (que si te escapabas, te mataba) y el gran negro peruano Julio Meléndez Calderón.  Junto a él también estuvieron el "Muñeco" Madurga, Novello, el negrito Orlando Medina, Ponce, Peña...
Una mañana, si mal no recuerdo era por 1965 o 1966, amanecí muy angustiado.
Mi mamá, que me levantaba muy tempranito para darme un churrasco (yo era muy flaquito entonces) antes de tomar el micro de Don Arturo Ierino, que nos dejaba en el querido Colegio San José, se preocupó y logró que le contara qué me había pasado.
Yo había tenido una pesadilla. En ella, mi ídolo, Silvio Marzolini, había muerto.
Mamá me tranquilizó: "le alargaste la vida" -me dijo.
Por suerte pudimos disfrutar de la habilidad y prestancia de don Silvio, muchos campeonatos más, e incluso, cuando volvió para ser el D.T., dirigiendo nada menos que a Maradona en 1981.
Descansa en paz, ídolo azul y oro, te fuiste a frenar los ataques del Maligno en el césped de la Eternidad.
Hasta siempre!!!!!

martes, 14 de julio de 2020

EL HOMBRE RICO. Cuento, por Alejandro R. Melo




Un pequeño empresario, que era un hombre honesto, vivía sin grandes opulencias.
Había conseguido con mucho esfuerzo reunir un buen capital y se preciaba de ser un buen ciudadano, un buen padre de familia. En medio de las dificultades de las coyunturas económicas, siempre se las arregló para pagar sus impuestos y no defraudar a nadie. Sus empleados cobraban un sueldo, que si bien no era muy abundante, bastaba para llevar una vida decorosa.
Un día, este empresario tuvo una inquietud al pasar por una iglesia.
En ese momento se estaba celebrando misa y el sacerdote leyó ese pasaje del Evangelio en el cual Jesús dice aquellas terribles palabras: “Les aseguro, que es muy difícil que un rico entre en el reino de los Cielos. Es más fácil que un camello, pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el reino de los cielos”…
Salió de la iglesia, y aquellas palabras comenzaron a darle vuelta en su mente. ¿Entonces yo no podré entrar en el reino de los cielos? -se preguntó una y otra vez- y se respondió: “¡Si siempre fui un tipo honesto!”
Desde ese momento, lleno de temor, comenzó a dar cada vez más dinero para obras de caridad. Eso calmó en gran parte su inquietud mientras seguía con su vida normal.
Otro día ingresó nuevamente a la iglesia, y escuchó el Evangelio en el cual Jesús decía: “Cuando des, que tu mano izquierda no se entere de lo que entrega tu mano derecha”…
Trató desde entonces de ser muy precavido para que nadie se enterara de cuántas ayudas hacía. Ni siquiera se lo contaba a su familia.
Una noche, luego de una comida muy abundante, nuestro personaje comenzó a sentirse mal, y finalmente se le produjo un paro cardíaco.
Fue llevado en presencia de un ángel del Señor quien lo recibió en la puerta de un aposento.
El hombre comenzó a darse cuenta que estaba muerto y para asegurarse le preguntó al ángel, el cual le confirmó que había sufrido un paro cardíaco.
Entonces, el hombre resignado, le interrogó al ángel: ¿y ahora, qué será de mí?
Como el ángel lo miraba y no respondía, comenzó a decirle que siempre había sido un hombre honesto, que no había defraudado a nadie, que era un buen ciudadano, un buen padre, y que cada vez que podía daba abundante limosna.
Pero el ángel tardaba en reaccionar, hasta que finalmente le dijo: “Para entrar aquí, debes defender tu causa”.
-Ya te lo he dicho, siempre fui honesto y traté de ayudar dando limosna.
El ángel lo miró con ternura y le dijo:
-¿Recuerdas el pasaje del Evangelio en el que Jesús elogia a la viuda que pone dinero en el templo? ¿Recuerdas cómo Jesús la compara con los principales de la comunidad que daban sus dádivas delante de todos para que los vieran?
-¡Yo traté siempre de ocultar mis limosnas!
Entonces el ángel le dijo: Mira, ¿no es verdad que estabas preocupado porque oíste que un hombre rico sería difícilmente aceptado en el cielo?
-Si, así es -le respondió el hombre-.
Y el ángel, con un dejo de tristeza le contestó: “Estabas muy preocupado por el futuro de tu alma. Tenías miedo. No era tu hermano, tu prójimo, quien realmente te preocupaba, sino el salvarte a vos mismo. Pero el cielo no se puede comprar con dinero”.
Al oír esto, el hombre se entristeció mucho, presintiendo que no podría entrar en el reino de los cielos.
El ángel entonces le dijo: “Como no eres una persona mala, se te va a dar otra oportunidad. Volverás a la vida, y la próxima vez que vuelvas por aquí, tendrás que haber comprendido.
Entonces el hombre tomó una bocanada de aire, y vio el techo de un sanatorio. Había vuelto a la vida, como se lo dijo el ángel.
Un día entró en una iglesia y el cura leía la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro que padecía en su puerta y allí entendió: la peor miseria no es no tener vestido ni casa o tener hambre. Lo peor es que el rico no “veía” a su hermano que estaba en su puerta, pasaba ante él como algo más del paisaje, sin detenerse a pensar que era su propio hermano el que estaba sufriendo, y que ambos eran hijos del mismo Padre.

“Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve…” (Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto)

martes, 26 de mayo de 2020

Romance de la Patria Bella por el R.P. Leonardo Castellani


Las muchachitas
que se suicidan en Puerto Nuevo,
y la de once años
que hizo el negocio
de los pasquines
y la que ofrece por las aceras,
humano cebo,
por unos pesos,
falsos carmines y jazmines...
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen
que hay que morir por ella.

Grandes señoras que hacen los bailes de Caridad.
Y juntan plata para los pobres bailando al son,
cuyos descotes, mallots, toilletes y humanidad
Propala El Mundo por todo el ámbito de La Nación.
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen que hay que morir por ella.

Politiqueros y comités, puro grito y trapo,
los dos partidos tan igualitos como porotos
—quítate tú que me ponga yo porque soy más guapo—
y la gran farsa de echar los votos.
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen que hay que morir por ella.

Gente de plata, la que hace plata y gasta su plata,
y el gran ejército de lacayos que encienden el horno,
prensa, revistas, radio, cinema, que ensucia y mata,
y masa amorfa, confusa y triste girando en torno.
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen que hay que morir por ella.

Juramento
Y hay que morir, hay que morir lo mismo,
si Dios lo pide por la patria yerma,
y dar la sangre por la patria yerma
en el caso que Dios pida ahora mismo
toda mi sangre para salvar del abismo
a la pálida Patria enferma.

domingo, 3 de noviembre de 2019

La Misericordia de Dios. Así habla la Sabiduría

"Porque Tú solo tienes siempre en la mano el poder supremo, y ¿quién puede resistir la fuerza de Tu brazo? Delante de Ti todo el mundo es como un granito en la balanza y como una gota de rocío que en la mañana baja sobre la tierra. Pero Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres para que hagan penitencia. Porque Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho; de lo contrario ¿cómo lo habrías creado?. Y ¿cómo podría durar algo si Tú no lo quieres?, ¿cómo se habría conservado lo que no hubieras llamado? Tú tienes lástima de todo: porque todas las cosas son tuyas, Señor, que amas la vida." (Sabiduría 11, 21-26).

miércoles, 12 de junio de 2019

LO QUE APRENDÍ DE LA PASIÓN DE JESÚS reflexión por Alejandro R. Melo

LO QUE APRENDÍ DE LA PASIÓN DE JESÚS


Debo confesar que como muchos católicos, contemplar la Pasión de Jesús, no era mi pasaje más deseado del Evangelio. Desde niño era un trago amargo que había que pasar -lo más rápido posible- para llegar a la alegría de la Pascua.
Por esa razón no me detenía, como la mayoría, a observar atentamente lo que me decía ese momento tremendo de nuestra historia, en donde se jugó el destino de la humanidad.
Sólo lo veía como un momento de tremenda tortura física, que culmina con una muerte injusta y terrible.
Pero un día, ya en mi edad madura, descubrí, gracias a la Coronilla de la Divina Misericordia, que debía meditar el significado de la Pasión.
Fue así que fui descubriendo, paso a paso, lo que ese momento me enseñaba.
La Pasión de Cristo, todos la hacen comenzar en el Monte de los Olivos, pero…remontémonos al momento en que Jesús ingresa en Jerusalem y es aclamado por la multitud (el domingo de ramos).
Jesús es proclamado profeta y rey por la gente. ¿Pero qué busca la mayoría?: busca milagros para sus vidas, y un líder político que los haga librarse del poder romano. No tardará mucho en que esa mayoría se vea frustrada. Jesús no es un repartidor de milagros, como hoy muchos lo quieren mostrar en las iglesias electrónicas y otras…El milagro es un signo especial (un quiebre del orden natural) excepcional, que sirve a Dios para atraer el corazón de la persona. El milagro interpela con una enseñanza, con un llamado a la comunión con Dios. No es un circo ni magia.
Jesús proclamado rey, alabado con los mantos y con ramas de olivos y palmeras en su entrada triunfal a Jerusalem. Pero Jesús mismo se lo dice a Poncio Pilato: “Mi reino no es de este mundo” ¿Está hablando del cielo?…puede ser, pero quizás está hablando también de un reino que no tiene nada que ver con el “mundo” frívolo, posesivo, carnal, ambicioso, consumista, egoísta. En el Padrenuestro lo rezamos: “Venga a nosotros tu reino”, es decir, que le pedimos a Dios, que el reino llegue a nuestro mundo, a nuestras vidas. El tema fundamental en ese pedido, es que muchas veces pretendemos que ese mundo sea a imagen y semejanza de nuestros deseos, de nuestra idea de lo que debería ser ese mundo, no lo que quiere Jesús. Por eso no se puede pedir que venga a nosotros “Tú reino” sin el “hágase Tú voluntad…” Es decir, el reino de Dios no es el que nos imaginamos ni el que nosotros deseamos, sino el que su amor y misericordia ha concebido. Hágase Tú voluntad: confianza  total en el Amor de Dios.
Pero volvamos a la Pasión. Ahora, estamos en la Última Cena. Judas ya ha entrado en tratativas con los miembros del Sanedrín para entregar a Jesús. ¿Por qué lo entrega?, ¿por ambición -las famosas treinta monedas de plata-? ¿O porque él también está frustrado al comprender que Jesús no es un líder político como Barrabás, que promete la solución rápida de la violencia a la opresión del pueblo judío?
Como sea, lo material -el dinero- siempre es un instrumento del que se sirve el Mal para buscar sus designios.
Pero Jesús, ¿qué es lo que siente? La pasión comienza cuando comprende que uno de sus amigos, con el que ha compartido muchas horas y caminos, y el cual fue testigo de muchos milagros y enseñanzas, lo ha traicionado. Qué dolor e inmenso vacío debe haber sentido! Qué frustración al no haber podido penetrar ese corazón de Judas, más que en lo superficial.
Nos trasladamos al Monte de los Olivos: Jesús ora y espera el momento de su aprehensión. Tiene mucho miedo, como nosotros, sufre pensando en lo que va a ocurrir. Los discípulos se quedan dormidos. Él les va a reprochar el no haber podido velar junto a Él. Cada uno está en lo suyo. Rezar está bien, pero el dolor siempre es “del otro”.
Y llegan los soldados a detener a Jesús. Judas lo entrega con un beso: la falsedad de nuestras relaciones humanas puesta en su máxima expresión. Un símbolo del afecto, puesto al servicio de la traición y la codicia. Es un símbolo también de nuestra superficialidad en las relaciones con los otros: queremos ser simpáticos, amables, ser  queridos, pero un “yo” tremendo se interpone entre ese “nosotros”. Los argentinos hace unas décadas que hemos adoptado la costumbre de besarnos, aún entre varones y entre desconocidos. ¿qué significa eso? Nada, si no hay verdadera comunión con el otro. Un gesto hipócrita adoptado porque “todo el mundo lo hace”.
Pedro saca su espada y corta la oreja del soldado. Otra vez la idea de que la violencia puede solucionar las injusticias.
Jesús es llevado a esas largas horas de interrogatorios. Afuera, Pedro, tal como se lo había dicho Jesús, lo niega tres veces. Todo está está bien, las ideas y las enseñanzas están buenas, pero mi cuero es mi cuero. Qué le vamos a hacer…Los otros discípulos se “borran”.
El sumo sacerdote y los miembros del Sanedrín interrogan a Jesús. El poder religioso no soporta que este humilde Rabí trascienda más que ellos en la sociedad. Ellos que tienen la llave de la vida, de la religiosidad y la piedad de todo el pueblo, ¿cómo van a someterse a las enseñanzas del hijo de un carpintero?
La religión vista como el cumplimiento de obligaciones formales, repleta de gestos y apariencias: los fariseos prolongan los hilos de sus mantos para mostrarse ante los demás muy piadosos. Pero Jesús, ¿cómo los ha llamado?…Ah si: “sepulcros blanqueados” Limpitos por afuera, pero inmundos por dentro. No se lo pueden perdonar!
Ya están decididos a matarlo porque es una piedra en sus zapatos que no están dispuestos a tolerar.
Interviene Poncio Pilatos, que quiere sacarse el problema de encima y se lo envía a Herodes (idas y vueltas en las disputas de “jurisdicciones” en los juicios que se prolongan tremendamente y no llega nunca la Justicia).
Herodes quiere ver “milagros”, pretende que le muestre Jesús su “magia”, tanto para asombrarse como para confirmar que es un personaje del cual hay que deshacerse, igual que con Juan el Bautista.
Jesús calla. Recibe en silencio el interrogatorio y la humillación de los poderosos. La soberbia y las acusaciones sin fundamento, con la sola justificación, de la maniobra política, con la afirmación del poder. ¿cuántas veces usamos nuestro “poder” para humillar, para someter a los otros?
¿Qué habrá sentido Jesús ante tanta humillación? Justo Él, que es el Hijo de Dios, el descendiente del Rey David? Desde lo humano podemos imaginar ese tremendo momento: la humillación frente  a un poder usado sólo para satisfacer las ambiciones, la codicia y no el bien para  todo el pueblo.
Vuelve a intervenir Pilatos. Es un político y un soldado. Sabe que debe tener precaución, porque estos judíos son un pueblo difícil, y fiel a sus instrucciones, no quiere irritarlos. Está intrigado. Le han hablado de Jesús: sus informes de inteligencia le dicen una cosa, pero los sacerdotes y levitas insisten en que este Jesús es un tipo peligroso.
Su mujer le advierte que no se meta con este profeta. Ha visto en sueños cosas horribles.
Pilatos duda, interpela a Jesús, y éste le responde. Le hace ver que no vino a cambiar el poder humano de los romanos -el imperio está a salvo-, porque no quiere desalojar al Procurador ni generar una revuelta violenta, como el tal Barrabás.
Pilatos piensa que si somete a Jesús a la decisión de la multitud, sus partidarios gritarán a su favor y así se hará justicia, salvando al inocente. Por eso elige seguir la tradición y somete a votación el destino de Cristo. Pero, para su sorpresa, los partidarios de Barrabás gritan más. Las mayorías han sido “compradas” por el poder económico y político de los levitas, los doctores de la ley, los miembros del Sanedrín. Hoy podríamos compararlo con la acción del “marketing político”, que maneja propaganda, redes sociales…
Pilatos tiembla. Su sentido de justicia romana se ve conmocionado: Yo no veo culpa en este Jesús!
Pero, el poder del dinero domina la votación: gritan por Barrabás.
¿Y qué hago con este Jesús?: Crucifícalo!!! Repite la multitud.
¿Qué hago? -se interroga internamente Pilatos-, Si cumplo con mi conciencia y con mi sentido de Justicia, tengo que soltar a Jesús, pero estos judíos son jodidos, me amenazan con ir con cuentos al César y mi poder puede tambalear.
Y bueh… en definitiva es un judío más, no un ciudadano romano, que estos ignorantes y brutos se hagan cargo de esta injusticia, yo me lavo las manos.
El poder político se desentiende de la Justicia finalmente. Lo importante es que no se altere el poder y no molesten.
Sin embargo, Pilatos quiere lavarse el hígado con una última burla, no ya contra Jesús, a quien tal vez ve como a un pobre desgraciado, sino contra los judíos que lo han obligado a tomar una decisión que va contra su conciencia: manda a hacer un cartel en latín, en griego y en hebreo, donde dice que Jesús es el Rey de los Judíos.
¡Qué afrenta para los judíos! Inmediatamente van a reclamarle que el cartel diga:  el que se dijo rey de judíos, y no el rey de los judíos. Pero Pilatos está harto: “lo escrito, escrito está”.
Jesús es entregado al correctivo tradicional de los castigados a la muerte injuriosa de la cruz: la flagelación. Sus carnes son desgarradas por látigos que tienen ganchos en sus puntas para dañar más. Los soldados romanos, es decir, la clase más baja de las fuerzas de ocupación, quieren divertirse a costa de este judío: se burlan, lo escupen y para terminar su “bullying”, le ponen una corona de espinas, lo cubren con un manto, como a un rey, le hacen reverencias burlescas, y culminan pegándole con una caña: así humillan a Jesús, pero también a los dominados judíos.
Allí pienso que no solamente los ricos y poderosos son los que generan injusticias…¿cuántas veces ha habido violencia de pobres contra pobres?
En definitiva, el ser humano, más allá del rol que le toca en la sociedad y de los bienes económicos de los que dispone, sigue siendo en esencia lo mismo: nace desnudo y muere desnudo. No hay diferencia entre ricos y poderosos y pobres y miserables a la hora de dar explicaciones de nuestra  conducta.
Y Jesús, ha sufrido la humillación moral, además de la tortura, tanto de ricos y poderosos, como de pobres empleados.
El camino del Calvario representa nuestra vida, donde Jesús asume nuestros dolores, nuestras frustraciones, nuestros pecados y contradicciones. Es empinado, se transforma en un espectáculo para los curiosos que van a ver a los condenados a muerte.
No hay vuelta atrás. Algunas mujeres piadosas quieren aliviar su sufrimiento, están conmovidas por tanta injusticia:  Hijas de Jerusalem, no lloren por mí, sino por ustedes y por sus hijos! Les dice Jesús, porque sabe que esta gente ha caído en una trampa mortal: están matando al que esperaron generación tras generación, al Hijo de Dios, al Mesías. Una paradoja terrible para el Pueblo Elegido.
Jesús cae varias veces, no puede más después de tanta tortura física.
Los soldados temen que no llegue al Gólgota vivo, por eso agarran a un fortachón que anda por allí, Simón de Cirene, y lo cargan con la cruz.
Jesús se deja “ayudar” en su camino de redención. Nuestros dolores, nuestros trabajos, nuestros servicios y sacrificios, pueden servir para ayudar a Jesús en su obra Redentora. Aquí entiendo muchas cosas y doy gracias a Dios por ese gran misterio.
Llegan al Gólgota y Jesús es clavado  en la cruz y elevado al cielo. Su cruz está entre dos bandidos. Se renuevan las burlas de la multitud, los gritos de dolor. “Si es el Mesías, que baje de la cruz y se salve a si mismo!”
Los soldados cumplen con lo habitual en este tipo de ejecuciones: se reparten las vestiduras, y como no quieren partir el manto, lo juegan a los dados. Parece que todo es diversión, aún cuando a nuestro lado está ocurriendo una gran tragedia.
Uno de los crucificados insulta a Jesús y le reclama que haga algo si es el Mesías. El otro a su vez, le pide a Jesús que lo tenga en cuenta, cuando llegue a su reino. Ha comprendido que el reino de Jesús no es de este mundo y que Jesús realmente es rey.
A los pies de Cristo está su madre y algunas mujeres piadosas, junto a Juan, el joven. Increíblemente, los hombres, que son los que se supone que son más fuertes y valerosos, están escondidos, han huido, y sólo están esas pocas mujeres llorando a sus pies. “Mujer ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre”…Jesús no se desentiende de su mamá: la quiere entrañablemente y la quiere proteger, y a su vez, la instituye como figura central de su obra redentora.
Entre tanto Jesús tiene sed, y siente una tremenda soledad: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? -repite el salmo profético-. Algunos han visto en esta expresión algo escandaloso: ¿Jesús ha perdido la fe? ¿No sabe que es el Hijo de Dios?
No es así, sabe cuál es su destino y su misión, pero también sufre el silencio de Dios y el abandono de nuestra condición humana, como tantos hombres y mujeres que sufren la soledad, el dolor, el miedo y la injusticia.
Él sabe que finalmente su sacrificio termina en Redención, por eso le dice a Dimas: “Te aseguro, que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.
“Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu” y dando un gran grito expiró.
Todo es silencio, se ha oscurecido todo, el velo del templo, orgullo de los judíos, en signo de escándalo y penitencia, se ha desgarrado, la tierra tiembla.
Un soldado romano se asusta y se ve conmovido: ¿qué ha pasado? ¿Qué signos son estos? ¿Acaso hemos matado a un Justo?
Pasan las horas… el Centurión ordena poner fin al sufrimiento de los condenados, por eso les manda a quebrar las piernas para acelerar las muertes. Pero al llegar a Jesús, lo ven muerto, pasan de largo. Para asegurarse, ordenan al soldado que lo atraviese con una lanza. Y allí del corazón de Jesús brota sangre y agua, para lavar nuestros pecados y para encendernos con su Misericordia.




domingo, 3 de febrero de 2019

SER PERSONA por Alejandro R. Melo

Hoy, algunos piensan que el ser humano se hace "persona" "progresivamente", es decir, según este pensamiento, no se es ser humano desde el mismo momento de la concepción sino desde vaya a saber qué momento, luego del nacimiento. Así, pueden justificar el asesinato de niños por nacer. Lo peor de todo, es que muchas personas que tienen educación, que se han formado en las ciencias, que tienen una carrera profesional, quieren aferrarse a esa idea. Habría que preguntarles ¿Qué las hizo persona? ¿Su intelecto?, ¿Su edad?, ¿Su educación?, etc. etc. ¿Un niño de un año, no es persona? ¿y uno de un día?...¿por qué un niño en el seno de su madre no es persona? ...y quien tiene sus facultades intelectuales disminuidas, ¿deja de ser persona?, y quien no tiene todas sus capacidades ¿es menos persona? Antes solían decir que antes de nacer no se era "ser humano", es decir, quisieron borrar esta palabra para justificar los abortos, sin embargo, la ciencia ha demostrado sin lugar a dudas que la vida comienza con la concepción. Antes podía haber dudas, ahora ya no. Entonces, inventaron esto de la personalidad progresiva, ya que no pueden negar que la vida comienza con la concepción. Penosa idea para justificar los homicidios. Así se justificaron todos los que mataban a pequeños con deficiencias, a los que promovieron la muerte de los ancianos desvalidos, y a los dictadores que promovieron la supresión o esclavitud de pueblos enteros.
Dios, sin embargo, tiene otro pensamiento: en el Antiguo Testamento ya le dice a Jeremías: "Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones". Fijémonos: no le dice, cuando naciste te encomendé una misión, incluso, le dice "antes de que te concibieran"...Y la misión es lo que significa "ser persona". Cada uno de nosotros tiene asignada una misión, por pequeña que nos parezca. Por eso cada ser humano, reconocido como "persona" es valioso. Queridos amigos, espero que en la Argentina nos pongamos en marcha para terminar con la cultura del descarte, y que construyamos una Patria de hermanos, donde todos y cada uno de nosotros seamos valorados como personas, como Hijos de Dios, como hermanos. Bajemos los prejuicios del desprecio, del orgullo, de las "políticas del consumo", y abramos el corazón, y allí, en ese rinconcito podremos, tal vez, escuchar suavemente la voz de Dios: "Antes de formarte en el vientre materno yo te conocía..."