jueves, 2 de febrero de 2023

CONVIERTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO

                          




Escuchamos de guerras, de poblaciones desplazadas, de familias que han perdido todo sin tener ninguna responsabilidad ni decisión en el asunto; vemos gente revolviendo la basura para poder comer; familias enteras durmiendo en la calle; contemplamos el horror de millones de niños asesinados en el vientre de su madre; de personas que se “autoperciben” de otro sexo y pretenden imponer al resto de la sociedad su visión de la realidad; la biología y la naturaleza desplazada por la ideología. Mientras tanto, desde el Foro Económico de Davos, unos hombres pretenden imponer una agenda mundial a espaldas de los pueblos,  anunciando un próximo  “transhumanismo”, que no es otra cosa que el sojuzgamiento de los hombres al poder del dinero, el sometimiento de las voluntades (con la implantación de chips) y la reacción ante el Creador, promocionando un supuesto “super humano”. En este mundo “globalizado” a la fuerza, sometido a las “realidades” fabricadas por medios de comunicación no comprometidos con la Verdad, sino  al servicio de  intereses, y de redes sociales que expanden falsas noticias,  la Babel y Sodoma y Gomorra del Antiguo Testamento han quedado minúsculas.

 En medio de ello, sólo hay un mensaje que llama al hombre a levantarse contra esa destrucción. No con las armas, no con el desprecio, sino con el Amor, con el único y verdadero Amor por la humanidad. Pronto llega el tiempo Pascual, tiempo en que Dios llama a cada hombre y cada mujer, no importa de donde venga ni de qué condición, ni raza, o edad, ni cuantos errores y pecados haya cometido, a que se “convierta y crea en el Evangelio”.





lunes, 7 de noviembre de 2022

El cuarto en el corazón

 Hace unos días escuché una reflexión, y de ella derivaron algunos pensamientos que me gustaría compartir.

En nuestro corazón -no hablo del músculo cardíaco, sino del centro de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, pensamientos, deseos y sueños-, hay un cuarto, una morada o como gusten llamarlo.

En ese cuarto, están guardadas muchas cosas, pero esas cosas hacen desordenado, oscuro y  húmedo el pequeño lugar.

A veces, en ese rejunte de cosas, emociones, pensamientos, expectativas, ansiedades, sueños, no podemos distinguir lo importante de lo superfluo, lo que nos hace bien de lo que nos daña. En lugar de un cuarto, de un aposento, se ha transformado en una buhardilla o desván, o en una baulera,  donde se colocan cosas que con el tiempo, muchas veces ni sabemos que las tenemos, o si las recordamos, nos es muy difícil encontrarlas.

Sin embargo, este recinto no está en cualquier parte, no está en el techo de casa, ni en el garaje, ni en un sótano o en un depósito. Está nada menos que dentro nuestro centro, en nuestro corazón. 

Quise revisar qué guardaba allí, y me encontré penetrando en ese lugar oscuro, donde había miedos, broncas, desconsideraciones hacia otros y hacia mí, pensamientos negativos,  depresiones, malos pensamientos, tentaciones, pecados,  ilusiones, sueños rotos, y en fin, un montón de cosas que me agobiaban.

Entonces pensé: a este lugar le falta vida, le falta luz, le falta un orden. 

Comprendí que nuestro corazón no es un depósito de cosas viejas y oxidadas, sino un lugar donde debe reinar la luz, la alegría, la tibieza del afecto. 

Fue entonces que recordé la meditación, en donde se repetía aquello que hace tanto tiempo había leído en las Confesiones de San Agustín: “tuyos somos, y para Tí hemos sido creados, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti, Señor”.

De pronto, una iluminación vino a mi mente: yo había contaminado el aposento, y lo había transformado en un lugar inhabitable, sombrío. 

Había que llenarlo de Luz, pero primero había que limpiarlo de todo eso inservible que se acumulaba. Me pregunté si yo podía limpiarlo, si mis fuerzas, mis intenciones, mi voluntad o empeño bastaba, y entonces me di cuenta que no. Que por mucho que me esforzara, una y otra vez se llenaría de polvo y oscuridad. Tenía que tener el auxilio de alguien mucho más sabio, mucho más poderoso, de renovara aquel lugar. 

¿Un psicólogo que me ayudara a ordenar aquel desorden?

No, porque podía terminar barriendo de un lado y acumulando basura en  otro lado, o en el peor de los casos, justificándome el por qué había acumulado tanta cosa vieja. Un psicólogo decididamente no terminaría de preparar el cuarto.

Ese lugar no había sido pensado para depósito, sino como un aposento, y la pregunta es ¿quién debía habitar en ese lugar?

Fue allí que comprendí que sólo había sido dispuesto para que lo habitara Aquel para el cual había sido dispuesto.

Tuyos somos, y para Tí hemos sido creados y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti.

Decidí que debía abrir la puerta, las ventanas para que ingresara la Luz.

Allí pude ver cómo instantáneamente el cuarto se llenaba de luminosidad, se limpiaba de todo lo que sobraba, se transformaba en un lugar donde el calor suave era como una caricia y la alegría serena, su vista admirable. También entendí, que si quería ese Bien, nada ni nadie podía ocupar ese aposento, sino Aquel a quien había sido destinado desde toda la Eternidad.


SEÑOR: Limpia mi corazón, prepáralo para hacer de él tu aposento, penetra en él y habítalo con la Luz del Espíritu Santo. Jamás permitas que nada ni nadie lo vuelva a oscurecer. Amén. 


  


miércoles, 30 de diciembre de 2020

Ante el desánimo, es mejor pensar en el Plan de Dios. Reflexión por Alejandro R. Melo

Cuando era adolescente, el Padre Bruno Ierullo, -a quien agradezco profundamente tantas bellas enseñanzas-, nos hablaba del "problema del mal". Lo hacía tomando dos ejemplos: uno del Libro de Job (a quien los amigos le endilgaban que le habían ocurrido sus desgracias porque era pecador, echándole la culpa, aunque Job era un hombre justo) y el relato de la historia del Capitán Seneguiriov y la muerte de su pequeño hijo IIiúshenchka, de la novela de Fiódor Dostoyevski, "Los hermanos Karamazov".
¿Por qué Dios permite el mal?
Y ante la tentación del desánimo, me vienen a la mente las respuestas profundas del desconocimiento que tenemos del Plan de Dios, que se ven plasmadas en la misma muerte de Jesús en la Cruz. El plan de Dios es misterioso, no tiene tiempo ni espacio que lo limite, tal como está escrito: "el cielo y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará".
Dios respeta profundamente la libertad del hombre, tanto que permite que Adán y Eva, se aparten de la vida de la gracia. Ellos no lo verán, pero mucho tiempo después, el Plan de Dios se hizo Carne y Habitó entre nosotros, para la Redención de todos los que aman y creen en Él.
Igual que nosotros, los peregrinos de Emaús, iban apenados en el camino, pensando decepcionados, que se había perdido la esperanza luego de que los políticos, sumos sacerdotes y doctores de la ley habían llevado a la muerte a Jesús. Pero junto a ellos, comenzó a caminar el desconocido, que les explicó una a una las profecías que hablaban de Hijo del Hombre, y cómo era el verdadero Plan de Dios para la humanidad.
Hay también una certeza: en el fin del camino personal nos espera un juicio. Como diría San Juan de la Cruz: "En la tarde de la vida, te examinarán en el amor". No en el amor romántico ni sensiblero, no en el amor sexual y pasajero, sino en el verdadero Amor: aquel que da sin esperar nada, aquel que tiene el coraje de reconocer en el otro a su hermano, -como Hijo del mismo Padre-. Entonces, y cuando suene la trompeta del Ángel, el Señor dirá a los hicieron el bien: venid a mí, y a los que prefirieron vivir en el egoísmo, la violencia, la mentira, la codicia, la corrupción, el desprecio por la vida: "Apártense de mí, ejecutores de maldad".

sábado, 18 de julio de 2020

SILVIO MARZOLINI. Evocación por Alejandro R. Melo




Y si, acaba de partir, para jugar en los campos del cielo.
Silvio Marzolini, el ídolo, el mejor número tres del mundo en el Mundial de 1966, el mejor defensor lateral izquierdo de todos los tiempos del fútbol argentino.
Si, se fue, vistiendo la camiseta de Boca Juniors, que tantas tardes de domingo enalteció con su prestancia.
Se fue uno de esos irrepetibles. Caballero del fútbol. Congruente con sus principios.
Lo recuerdo desde que mi papá me llevaba a la Bombonera ¡Qué emoción! ¡Cuánta alegría!: por dos razones, una por compartir esos momentos inolvidables con el viejo, que era un ser extraordinario, lleno de bondad, y la otra, por estar en ese majestuoso estadio que vibraba, que latía... Allí estaba Silvio, junto con tantos otros que llenaban mi cabeza y mi corazón de niño.
Allí estaba Antonio Roma, el gran arquero, allí también Rattin, el gran capitán de la Selección, que después de retorcer el banderín, el día maldito en que un alemán lo echó frente a Inglaterra, no tuvo más genial irreverencia que sentarse en la alfombra de la reina. Allí estaba Ángel Clemente Rojas, y también el "Tanque" Rojas, Pianetti, Zarich...lo acompañaban en la defensa el "Chapita" Suñé, Rogel (que si te escapabas, te mataba) y el gran negro peruano Julio Meléndez Calderón.  Junto a él también estuvieron el "Muñeco" Madurga, Novello, el negrito Orlando Medina, Ponce, Peña...
Una mañana, si mal no recuerdo era por 1965 o 1966, amanecí muy angustiado.
Mi mamá, que me levantaba muy tempranito para darme un churrasco (yo era muy flaquito entonces) antes de tomar el micro de Don Arturo Ierino, que nos dejaba en el querido Colegio San José, se preocupó y logró que le contara qué me había pasado.
Yo había tenido una pesadilla. En ella, mi ídolo, Silvio Marzolini, había muerto.
Mamá me tranquilizó: "le alargaste la vida" -me dijo.
Por suerte pudimos disfrutar de la habilidad y prestancia de don Silvio, muchos campeonatos más, e incluso, cuando volvió para ser el D.T., dirigiendo nada menos que a Maradona en 1981.
Descansa en paz, ídolo azul y oro, te fuiste a frenar los ataques del Maligno en el césped de la Eternidad.
Hasta siempre!!!!!

martes, 14 de julio de 2020

EL HOMBRE RICO. Cuento, por Alejandro R. Melo




Un pequeño empresario, que era un hombre honesto, vivía sin grandes opulencias.
Había conseguido con mucho esfuerzo reunir un buen capital y se preciaba de ser un buen ciudadano, un buen padre de familia. En medio de las dificultades de las coyunturas económicas, siempre se las arregló para pagar sus impuestos y no defraudar a nadie. Sus empleados cobraban un sueldo, que si bien no era muy abundante, bastaba para llevar una vida decorosa.
Un día, este empresario tuvo una inquietud al pasar por una iglesia.
En ese momento se estaba celebrando misa y el sacerdote leyó ese pasaje del Evangelio en el cual Jesús dice aquellas terribles palabras: “Les aseguro, que es muy difícil que un rico entre en el reino de los Cielos. Es más fácil que un camello, pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el reino de los cielos”…
Salió de la iglesia, y aquellas palabras comenzaron a darle vuelta en su mente. ¿Entonces yo no podré entrar en el reino de los cielos? -se preguntó una y otra vez- y se respondió: “¡Si siempre fui un tipo honesto!”
Desde ese momento, lleno de temor, comenzó a dar cada vez más dinero para obras de caridad. Eso calmó en gran parte su inquietud mientras seguía con su vida normal.
Otro día ingresó nuevamente a la iglesia, y escuchó el Evangelio en el cual Jesús decía: “Cuando des, que tu mano izquierda no se entere de lo que entrega tu mano derecha”…
Trató desde entonces de ser muy precavido para que nadie se enterara de cuántas ayudas hacía. Ni siquiera se lo contaba a su familia.
Una noche, luego de una comida muy abundante, nuestro personaje comenzó a sentirse mal, y finalmente se le produjo un paro cardíaco.
Fue llevado en presencia de un ángel del Señor quien lo recibió en la puerta de un aposento.
El hombre comenzó a darse cuenta que estaba muerto y para asegurarse le preguntó al ángel, el cual le confirmó que había sufrido un paro cardíaco.
Entonces, el hombre resignado, le interrogó al ángel: ¿y ahora, qué será de mí?
Como el ángel lo miraba y no respondía, comenzó a decirle que siempre había sido un hombre honesto, que no había defraudado a nadie, que era un buen ciudadano, un buen padre, y que cada vez que podía daba abundante limosna.
Pero el ángel tardaba en reaccionar, hasta que finalmente le dijo: “Para entrar aquí, debes defender tu causa”.
-Ya te lo he dicho, siempre fui honesto y traté de ayudar dando limosna.
El ángel lo miró con ternura y le dijo:
-¿Recuerdas el pasaje del Evangelio en el que Jesús elogia a la viuda que pone dinero en el templo? ¿Recuerdas cómo Jesús la compara con los principales de la comunidad que daban sus dádivas delante de todos para que los vieran?
-¡Yo traté siempre de ocultar mis limosnas!
Entonces el ángel le dijo: Mira, ¿no es verdad que estabas preocupado porque oíste que un hombre rico sería difícilmente aceptado en el cielo?
-Si, así es -le respondió el hombre-.
Y el ángel, con un dejo de tristeza le contestó: “Estabas muy preocupado por el futuro de tu alma. Tenías miedo. No era tu hermano, tu prójimo, quien realmente te preocupaba, sino el salvarte a vos mismo. Pero el cielo no se puede comprar con dinero”.
Al oír esto, el hombre se entristeció mucho, presintiendo que no podría entrar en el reino de los cielos.
El ángel entonces le dijo: “Como no eres una persona mala, se te va a dar otra oportunidad. Volverás a la vida, y la próxima vez que vuelvas por aquí, tendrás que haber comprendido.
Entonces el hombre tomó una bocanada de aire, y vio el techo de un sanatorio. Había vuelto a la vida, como se lo dijo el ángel.
Un día entró en una iglesia y el cura leía la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro que padecía en su puerta y allí entendió: la peor miseria no es no tener vestido ni casa o tener hambre. Lo peor es que el rico no “veía” a su hermano que estaba en su puerta, pasaba ante él como algo más del paisaje, sin detenerse a pensar que era su propio hermano el que estaba sufriendo, y que ambos eran hijos del mismo Padre.

“Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve…” (Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto)

martes, 26 de mayo de 2020

Romance de la Patria Bella por el R.P. Leonardo Castellani


Las muchachitas
que se suicidan en Puerto Nuevo,
y la de once años
que hizo el negocio
de los pasquines
y la que ofrece por las aceras,
humano cebo,
por unos pesos,
falsos carmines y jazmines...
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen
que hay que morir por ella.

Grandes señoras que hacen los bailes de Caridad.
Y juntan plata para los pobres bailando al son,
cuyos descotes, mallots, toilletes y humanidad
Propala El Mundo por todo el ámbito de La Nación.
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen que hay que morir por ella.

Politiqueros y comités, puro grito y trapo,
los dos partidos tan igualitos como porotos
—quítate tú que me ponga yo porque soy más guapo—
y la gran farsa de echar los votos.
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen que hay que morir por ella.

Gente de plata, la que hace plata y gasta su plata,
y el gran ejército de lacayos que encienden el horno,
prensa, revistas, radio, cinema, que ensucia y mata,
y masa amorfa, confusa y triste girando en torno.
¿Esa es la Patria bella?
Y luego dicen que hay que morir por ella.

Juramento
Y hay que morir, hay que morir lo mismo,
si Dios lo pide por la patria yerma,
y dar la sangre por la patria yerma
en el caso que Dios pida ahora mismo
toda mi sangre para salvar del abismo
a la pálida Patria enferma.

domingo, 3 de noviembre de 2019

La Misericordia de Dios. Así habla la Sabiduría

"Porque Tú solo tienes siempre en la mano el poder supremo, y ¿quién puede resistir la fuerza de Tu brazo? Delante de Ti todo el mundo es como un granito en la balanza y como una gota de rocío que en la mañana baja sobre la tierra. Pero Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres para que hagan penitencia. Porque Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho; de lo contrario ¿cómo lo habrías creado?. Y ¿cómo podría durar algo si Tú no lo quieres?, ¿cómo se habría conservado lo que no hubieras llamado? Tú tienes lástima de todo: porque todas las cosas son tuyas, Señor, que amas la vida." (Sabiduría 11, 21-26).

miércoles, 12 de junio de 2019

LO QUE APRENDÍ DE LA PASIÓN DE JESÚS reflexión por Alejandro R. Melo

LO QUE APRENDÍ DE LA PASIÓN DE JESÚS


Debo confesar que como muchos católicos, contemplar la Pasión de Jesús, no era mi pasaje más deseado del Evangelio. Desde niño era un trago amargo que había que pasar -lo más rápido posible- para llegar a la alegría de la Pascua.
Por esa razón no me detenía, como la mayoría, a observar atentamente lo que me decía ese momento tremendo de nuestra historia, en donde se jugó el destino de la humanidad.
Sólo lo veía como un momento de tremenda tortura física, que culmina con una muerte injusta y terrible.
Pero un día, ya en mi edad madura, descubrí, gracias a la Coronilla de la Divina Misericordia, que debía meditar el significado de la Pasión.
Fue así que fui descubriendo, paso a paso, lo que ese momento me enseñaba.
La Pasión de Cristo, todos la hacen comenzar en el Monte de los Olivos, pero…remontémonos al momento en que Jesús ingresa en Jerusalem y es aclamado por la multitud (el domingo de ramos).
Jesús es proclamado profeta y rey por la gente. ¿Pero qué busca la mayoría?: busca milagros para sus vidas, y un líder político que los haga librarse del poder romano. No tardará mucho en que esa mayoría se vea frustrada. Jesús no es un repartidor de milagros, como hoy muchos lo quieren mostrar en las iglesias electrónicas y otras…El milagro es un signo especial (un quiebre del orden natural) excepcional, que sirve a Dios para atraer el corazón de la persona. El milagro interpela con una enseñanza, con un llamado a la comunión con Dios. No es un circo ni magia.
Jesús proclamado rey, alabado con los mantos y con ramas de olivos y palmeras en su entrada triunfal a Jerusalem. Pero Jesús mismo se lo dice a Poncio Pilato: “Mi reino no es de este mundo” ¿Está hablando del cielo?…puede ser, pero quizás está hablando también de un reino que no tiene nada que ver con el “mundo” frívolo, posesivo, carnal, ambicioso, consumista, egoísta. En el Padrenuestro lo rezamos: “Venga a nosotros tu reino”, es decir, que le pedimos a Dios, que el reino llegue a nuestro mundo, a nuestras vidas. El tema fundamental en ese pedido, es que muchas veces pretendemos que ese mundo sea a imagen y semejanza de nuestros deseos, de nuestra idea de lo que debería ser ese mundo, no lo que quiere Jesús. Por eso no se puede pedir que venga a nosotros “Tú reino” sin el “hágase Tú voluntad…” Es decir, el reino de Dios no es el que nos imaginamos ni el que nosotros deseamos, sino el que su amor y misericordia ha concebido. Hágase Tú voluntad: confianza  total en el Amor de Dios.
Pero volvamos a la Pasión. Ahora, estamos en la Última Cena. Judas ya ha entrado en tratativas con los miembros del Sanedrín para entregar a Jesús. ¿Por qué lo entrega?, ¿por ambición -las famosas treinta monedas de plata-? ¿O porque él también está frustrado al comprender que Jesús no es un líder político como Barrabás, que promete la solución rápida de la violencia a la opresión del pueblo judío?
Como sea, lo material -el dinero- siempre es un instrumento del que se sirve el Mal para buscar sus designios.
Pero Jesús, ¿qué es lo que siente? La pasión comienza cuando comprende que uno de sus amigos, con el que ha compartido muchas horas y caminos, y el cual fue testigo de muchos milagros y enseñanzas, lo ha traicionado. Qué dolor e inmenso vacío debe haber sentido! Qué frustración al no haber podido penetrar ese corazón de Judas, más que en lo superficial.
Nos trasladamos al Monte de los Olivos: Jesús ora y espera el momento de su aprehensión. Tiene mucho miedo, como nosotros, sufre pensando en lo que va a ocurrir. Los discípulos se quedan dormidos. Él les va a reprochar el no haber podido velar junto a Él. Cada uno está en lo suyo. Rezar está bien, pero el dolor siempre es “del otro”.
Y llegan los soldados a detener a Jesús. Judas lo entrega con un beso: la falsedad de nuestras relaciones humanas puesta en su máxima expresión. Un símbolo del afecto, puesto al servicio de la traición y la codicia. Es un símbolo también de nuestra superficialidad en las relaciones con los otros: queremos ser simpáticos, amables, ser  queridos, pero un “yo” tremendo se interpone entre ese “nosotros”. Los argentinos hace unas décadas que hemos adoptado la costumbre de besarnos, aún entre varones y entre desconocidos. ¿qué significa eso? Nada, si no hay verdadera comunión con el otro. Un gesto hipócrita adoptado porque “todo el mundo lo hace”.
Pedro saca su espada y corta la oreja del soldado. Otra vez la idea de que la violencia puede solucionar las injusticias.
Jesús es llevado a esas largas horas de interrogatorios. Afuera, Pedro, tal como se lo había dicho Jesús, lo niega tres veces. Todo está está bien, las ideas y las enseñanzas están buenas, pero mi cuero es mi cuero. Qué le vamos a hacer…Los otros discípulos se “borran”.
El sumo sacerdote y los miembros del Sanedrín interrogan a Jesús. El poder religioso no soporta que este humilde Rabí trascienda más que ellos en la sociedad. Ellos que tienen la llave de la vida, de la religiosidad y la piedad de todo el pueblo, ¿cómo van a someterse a las enseñanzas del hijo de un carpintero?
La religión vista como el cumplimiento de obligaciones formales, repleta de gestos y apariencias: los fariseos prolongan los hilos de sus mantos para mostrarse ante los demás muy piadosos. Pero Jesús, ¿cómo los ha llamado?…Ah si: “sepulcros blanqueados” Limpitos por afuera, pero inmundos por dentro. No se lo pueden perdonar!
Ya están decididos a matarlo porque es una piedra en sus zapatos que no están dispuestos a tolerar.
Interviene Poncio Pilatos, que quiere sacarse el problema de encima y se lo envía a Herodes (idas y vueltas en las disputas de “jurisdicciones” en los juicios que se prolongan tremendamente y no llega nunca la Justicia).
Herodes quiere ver “milagros”, pretende que le muestre Jesús su “magia”, tanto para asombrarse como para confirmar que es un personaje del cual hay que deshacerse, igual que con Juan el Bautista.
Jesús calla. Recibe en silencio el interrogatorio y la humillación de los poderosos. La soberbia y las acusaciones sin fundamento, con la sola justificación, de la maniobra política, con la afirmación del poder. ¿cuántas veces usamos nuestro “poder” para humillar, para someter a los otros?
¿Qué habrá sentido Jesús ante tanta humillación? Justo Él, que es el Hijo de Dios, el descendiente del Rey David? Desde lo humano podemos imaginar ese tremendo momento: la humillación frente  a un poder usado sólo para satisfacer las ambiciones, la codicia y no el bien para  todo el pueblo.
Vuelve a intervenir Pilatos. Es un político y un soldado. Sabe que debe tener precaución, porque estos judíos son un pueblo difícil, y fiel a sus instrucciones, no quiere irritarlos. Está intrigado. Le han hablado de Jesús: sus informes de inteligencia le dicen una cosa, pero los sacerdotes y levitas insisten en que este Jesús es un tipo peligroso.
Su mujer le advierte que no se meta con este profeta. Ha visto en sueños cosas horribles.
Pilatos duda, interpela a Jesús, y éste le responde. Le hace ver que no vino a cambiar el poder humano de los romanos -el imperio está a salvo-, porque no quiere desalojar al Procurador ni generar una revuelta violenta, como el tal Barrabás.
Pilatos piensa que si somete a Jesús a la decisión de la multitud, sus partidarios gritarán a su favor y así se hará justicia, salvando al inocente. Por eso elige seguir la tradición y somete a votación el destino de Cristo. Pero, para su sorpresa, los partidarios de Barrabás gritan más. Las mayorías han sido “compradas” por el poder económico y político de los levitas, los doctores de la ley, los miembros del Sanedrín. Hoy podríamos compararlo con la acción del “marketing político”, que maneja propaganda, redes sociales…
Pilatos tiembla. Su sentido de justicia romana se ve conmocionado: Yo no veo culpa en este Jesús!
Pero, el poder del dinero domina la votación: gritan por Barrabás.
¿Y qué hago con este Jesús?: Crucifícalo!!! Repite la multitud.
¿Qué hago? -se interroga internamente Pilatos-, Si cumplo con mi conciencia y con mi sentido de Justicia, tengo que soltar a Jesús, pero estos judíos son jodidos, me amenazan con ir con cuentos al César y mi poder puede tambalear.
Y bueh… en definitiva es un judío más, no un ciudadano romano, que estos ignorantes y brutos se hagan cargo de esta injusticia, yo me lavo las manos.
El poder político se desentiende de la Justicia finalmente. Lo importante es que no se altere el poder y no molesten.
Sin embargo, Pilatos quiere lavarse el hígado con una última burla, no ya contra Jesús, a quien tal vez ve como a un pobre desgraciado, sino contra los judíos que lo han obligado a tomar una decisión que va contra su conciencia: manda a hacer un cartel en latín, en griego y en hebreo, donde dice que Jesús es el Rey de los Judíos.
¡Qué afrenta para los judíos! Inmediatamente van a reclamarle que el cartel diga:  el que se dijo rey de judíos, y no el rey de los judíos. Pero Pilatos está harto: “lo escrito, escrito está”.
Jesús es entregado al correctivo tradicional de los castigados a la muerte injuriosa de la cruz: la flagelación. Sus carnes son desgarradas por látigos que tienen ganchos en sus puntas para dañar más. Los soldados romanos, es decir, la clase más baja de las fuerzas de ocupación, quieren divertirse a costa de este judío: se burlan, lo escupen y para terminar su “bullying”, le ponen una corona de espinas, lo cubren con un manto, como a un rey, le hacen reverencias burlescas, y culminan pegándole con una caña: así humillan a Jesús, pero también a los dominados judíos.
Allí pienso que no solamente los ricos y poderosos son los que generan injusticias…¿cuántas veces ha habido violencia de pobres contra pobres?
En definitiva, el ser humano, más allá del rol que le toca en la sociedad y de los bienes económicos de los que dispone, sigue siendo en esencia lo mismo: nace desnudo y muere desnudo. No hay diferencia entre ricos y poderosos y pobres y miserables a la hora de dar explicaciones de nuestra  conducta.
Y Jesús, ha sufrido la humillación moral, además de la tortura, tanto de ricos y poderosos, como de pobres empleados.
El camino del Calvario representa nuestra vida, donde Jesús asume nuestros dolores, nuestras frustraciones, nuestros pecados y contradicciones. Es empinado, se transforma en un espectáculo para los curiosos que van a ver a los condenados a muerte.
No hay vuelta atrás. Algunas mujeres piadosas quieren aliviar su sufrimiento, están conmovidas por tanta injusticia:  Hijas de Jerusalem, no lloren por mí, sino por ustedes y por sus hijos! Les dice Jesús, porque sabe que esta gente ha caído en una trampa mortal: están matando al que esperaron generación tras generación, al Hijo de Dios, al Mesías. Una paradoja terrible para el Pueblo Elegido.
Jesús cae varias veces, no puede más después de tanta tortura física.
Los soldados temen que no llegue al Gólgota vivo, por eso agarran a un fortachón que anda por allí, Simón de Cirene, y lo cargan con la cruz.
Jesús se deja “ayudar” en su camino de redención. Nuestros dolores, nuestros trabajos, nuestros servicios y sacrificios, pueden servir para ayudar a Jesús en su obra Redentora. Aquí entiendo muchas cosas y doy gracias a Dios por ese gran misterio.
Llegan al Gólgota y Jesús es clavado  en la cruz y elevado al cielo. Su cruz está entre dos bandidos. Se renuevan las burlas de la multitud, los gritos de dolor. “Si es el Mesías, que baje de la cruz y se salve a si mismo!”
Los soldados cumplen con lo habitual en este tipo de ejecuciones: se reparten las vestiduras, y como no quieren partir el manto, lo juegan a los dados. Parece que todo es diversión, aún cuando a nuestro lado está ocurriendo una gran tragedia.
Uno de los crucificados insulta a Jesús y le reclama que haga algo si es el Mesías. El otro a su vez, le pide a Jesús que lo tenga en cuenta, cuando llegue a su reino. Ha comprendido que el reino de Jesús no es de este mundo y que Jesús realmente es rey.
A los pies de Cristo está su madre y algunas mujeres piadosas, junto a Juan, el joven. Increíblemente, los hombres, que son los que se supone que son más fuertes y valerosos, están escondidos, han huido, y sólo están esas pocas mujeres llorando a sus pies. “Mujer ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre”…Jesús no se desentiende de su mamá: la quiere entrañablemente y la quiere proteger, y a su vez, la instituye como figura central de su obra redentora.
Entre tanto Jesús tiene sed, y siente una tremenda soledad: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? -repite el salmo profético-. Algunos han visto en esta expresión algo escandaloso: ¿Jesús ha perdido la fe? ¿No sabe que es el Hijo de Dios?
No es así, sabe cuál es su destino y su misión, pero también sufre el silencio de Dios y el abandono de nuestra condición humana, como tantos hombres y mujeres que sufren la soledad, el dolor, el miedo y la injusticia.
Él sabe que finalmente su sacrificio termina en Redención, por eso le dice a Dimas: “Te aseguro, que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.
“Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu” y dando un gran grito expiró.
Todo es silencio, se ha oscurecido todo, el velo del templo, orgullo de los judíos, en signo de escándalo y penitencia, se ha desgarrado, la tierra tiembla.
Un soldado romano se asusta y se ve conmovido: ¿qué ha pasado? ¿Qué signos son estos? ¿Acaso hemos matado a un Justo?
Pasan las horas… el Centurión ordena poner fin al sufrimiento de los condenados, por eso les manda a quebrar las piernas para acelerar las muertes. Pero al llegar a Jesús, lo ven muerto, pasan de largo. Para asegurarse, ordenan al soldado que lo atraviese con una lanza. Y allí del corazón de Jesús brota sangre y agua, para lavar nuestros pecados y para encendernos con su Misericordia.




domingo, 3 de febrero de 2019

SER PERSONA por Alejandro R. Melo

Hoy, algunos piensan que el ser humano se hace "persona" "progresivamente", es decir, según este pensamiento, no se es ser humano desde el mismo momento de la concepción sino desde vaya a saber qué momento, luego del nacimiento. Así, pueden justificar el asesinato de niños por nacer. Lo peor de todo, es que muchas personas que tienen educación, que se han formado en las ciencias, que tienen una carrera profesional, quieren aferrarse a esa idea. Habría que preguntarles ¿Qué las hizo persona? ¿Su intelecto?, ¿Su edad?, ¿Su educación?, etc. etc. ¿Un niño de un año, no es persona? ¿y uno de un día?...¿por qué un niño en el seno de su madre no es persona? ...y quien tiene sus facultades intelectuales disminuidas, ¿deja de ser persona?, y quien no tiene todas sus capacidades ¿es menos persona? Antes solían decir que antes de nacer no se era "ser humano", es decir, quisieron borrar esta palabra para justificar los abortos, sin embargo, la ciencia ha demostrado sin lugar a dudas que la vida comienza con la concepción. Antes podía haber dudas, ahora ya no. Entonces, inventaron esto de la personalidad progresiva, ya que no pueden negar que la vida comienza con la concepción. Penosa idea para justificar los homicidios. Así se justificaron todos los que mataban a pequeños con deficiencias, a los que promovieron la muerte de los ancianos desvalidos, y a los dictadores que promovieron la supresión o esclavitud de pueblos enteros.
Dios, sin embargo, tiene otro pensamiento: en el Antiguo Testamento ya le dice a Jeremías: "Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones". Fijémonos: no le dice, cuando naciste te encomendé una misión, incluso, le dice "antes de que te concibieran"...Y la misión es lo que significa "ser persona". Cada uno de nosotros tiene asignada una misión, por pequeña que nos parezca. Por eso cada ser humano, reconocido como "persona" es valioso. Queridos amigos, espero que en la Argentina nos pongamos en marcha para terminar con la cultura del descarte, y que construyamos una Patria de hermanos, donde todos y cada uno de nosotros seamos valorados como personas, como Hijos de Dios, como hermanos. Bajemos los prejuicios del desprecio, del orgullo, de las "políticas del consumo", y abramos el corazón, y allí, en ese rinconcito podremos, tal vez, escuchar suavemente la voz de Dios: "Antes de formarte en el vientre materno yo te conocía..."

lunes, 16 de abril de 2018

Ten piedad y perdóname. Oración.

Señor, ten piedad de mí.


Ten piedad y perdóname por mi pereza,
que no me deja asumir mis responsabilidades para transformar el mundo
y trabajar para tu Reino.


Ten piedad y perdóname por las veces que he discriminado a otros o los he juzgado,
aún sin darme cuenta, como consecuencia de los lugares comunes, de los prejuicios
culturales, de mi falta de caridad.


Ten piedad y perdóname por las veces que me he sentido solo y desamparado,
cuando Tú estabas ahí y con solo pedirlo recibiría tu consuelo.


Ten piedad y perdóname por las veces que he buscado en las cosas materiales
el consuelo de mis frustraciones.


Ten piedad y perdóname por las veces en que dejé que mis instintos
sobrepasaran mi caridad,
y por las veces que me dejé arrastrar por ellos, olvidando que el Espíritu vivifica.


Ten piedad y perdóname cuando desatendí mis obligaciones de estado.


Ten piedad y perdóname por mi soberbia
 y por las veces en que intenté vanagloriarme frente a mis hermanos
y mostrarme sabio e inteligente,
sin que mi intención fuera enseñar con caridad,
sino enaltecerme egoístamente.


Ten piedad y perdóname cuando no tuve paciencia con los equivocados.


Ten piedad y perdóname por las veces cuando tosudamente he sostenido
cosas que están equivocadas, por el solo hecho de afirmar  mi ego.


Ten piedad y perdóname por las veces en que no he dicho la verdad,
y también, por las veces en que la he dicho cruelmente,
sin tener en cuenta la caridad, y la delicadeza del corazón ajeno.


Jesús, ten piedad y perdóname, porque Señor, ¿a quien iremos?
Solo Tú, tienes palabras de Vida Eterna.

Amén.

viernes, 6 de abril de 2018

SALVE! Hermosa oración a la Santísima Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén

martes, 20 de marzo de 2018

MALAS HIERBAS. Reflexión por Alejandro R. Melo

MALAS HIERBAS: Ocurrió sin querer. Levanté la vista y me llamó la atención. Una planta con un tallo bastante largo surgiendo del cemento. Entonces me puse a pensar… Las llamamos “malas hierbas” aunque según supe por internet, se las debe llamar, más apropiadamente, “plantas ruderales”. Nacen en cualquier lugar, sin que nadie las plante. Las esparcen los vientos, los pájaros, los insectos, o el pelo de algún animal. Nacen allí donde no deberían nacer. Se abren paso incluso en el cemento, abriendo en algunos casos, profundas grietas; algunas tienen incluso hermosas flores, o cautivantes olores.
Las miramos con desprecio, y suelen ser símbolo de la dejadez o del abandono de los propietarios de las construcciones.
Sin embargo, son una maravilla en sí misma. Es la vida que se abre paso en las condiciones más adversas, donde casi no tiene un sustrato para prosperar.
Entonces me viene a la memoria la paradoja de la vida humana, a la que algunos quieren suprimir aún antes de ver la luz del sol. Parece que esos niños por nacer, son las “malas hierbas” que hay que suprimir.
Pero la vida se abre paso. Hagan lo que hagan, en cualquier lugar, en cualquier rincón, en un rancho o en un palacio, siempre habrá un niño que lanza su llanto para expandir sus pulmones y aferrarse a la oportunidad de tener un futuro y buscar amor.

jueves, 18 de enero de 2018

La espada de Damocles y el laberinto. Reflexión de Alejandro R. Melo


Lo encontré en un viejo cuaderno, algunas reflexiones escritas el 6/11/2006 (era una época muy difícil de mi vida y mi familia). Ahora las comparto, no para que me den su aprobación o para que me tiren piedras. Simplemente para aquellos a los que puedan serle útiles:

Acabo de leer un artículo sobre el origen de la leyenda de la espada de Damocles. Bueno, no me queda muy en claro si fue leyenda o realidad.
Lo sustancial de la historia es que un rey llamado Dionisio II de Siracusa (Sicilia), en el siglo IV antes de Cristo, tenía un cortesano llamado Damocles.
Este Damocles era un adulador del rey y queriendo congraciarse con él, se la pasaba difundiendo en todos lados el gran poder y riqueza de que gozaba su soberano (un vulgar “chupamedias”, diríamos hoy).
La verdad es que Dionisio ya estaba un poco cansado de la charlatanería de Damocles, así que decidió escarmentarlo.
Le propuso intercambiarse con él por un día, así podría disfrutar de su suerte. Esa misma tarde Damocles gozó de un gran banquete y de la atención de las cortesanas. Sólo al final miró hacia arriba. Ahí es cuando cayó en la cuenta que sobre el trono que él ocupaba temporalmente, colgaba una afilada espada atada por un único pelo de caballo. La espada estaba ubicada directamente sobre su cabeza. Enseguida, al comprender el peligro, se le fueron las ganas de comer y pidió al rey abandonar el puesto, diciendo que ya no quería ser tan afortunado.
De esta manera, pudo comprender lo efímero e inestable de la prosperidad y el lujo de la monarquía.
Como sea, la vida nos pone cada tanto en situaciones límite, a partir de las cuales se olvidan todos los aspectos banales de nuestra existencia. Se nos quita el apetito y perdemos el deseo sexual. Todo nos pone en alerta para combatir el peligro al que estamos expuestos.
La vida es tan vana, tan impredecible y fugaz, que unos años, unas décadas, pasan como una hoja que se lleva el viento del otoño.
El tema, es saber si esta realidad de inestabilidad existencial tiene que paralizarnos o descubrir cómo enfrentar dichas circunstancias, pensando en superarlas, o sucumbir en el intento. Huir o pelear, ese es el dilema real de la vida emocional.
Pareciera que que como dijo alguna vez el poeta, la única manera de salir de un laberinto es por arriba.
Ahora bien, ¿qué significa “arriba”?
Todavía tengo que descubrirlo, pero a tientas, como quien se abre paso en medio de la oscuridad puedo imaginar algunas respuestas.
La primera respuesta al peligro sin dudas debería ser tranquilizar la mente, y pensar que sin nosotros mismos, como individuos, no hay solución posible a los problemas -como si el instinto se racionalizara-.
A partir de allí, supongo qué hay que tratar de tomar distancia del problema -por complejo y doloroso que sea- poniéndolo en perspectiva.
¿Cómo? Pensando si en el contexto de nuestra existencia es tan importante como para dejar la vida por él. Pensando qué visión tendríamos del problema en un año, o simplemente en unos meses. O qué significaría este problema en el transcurrir de nuestra vida. No solamente de nuestra vida actual, sino nuestro pasado y nuestro futuro. Si es necesario, ponerlo en la dimensión humana y pensarlo en función de la historia de la humanidad. Si ello no alcanzara, elevarnos en el pensamiento a Dios, y procurar entender qué significaría el problema que hoy nos angustia en el contexto de la eternidad.
Tal vez esto parezca muy exterior, muy divagante, porque nuestros problemas son nuestros y no del vecino; ni siquiera de quienes nos quieren. El dolor nos duele a nosotros, no a quienes se “conduelen” con él.
Como dice el dicho: nacemos y morimos solos.
Los demás, más cercanos o más lejanos, son sólo nuestros compañeros de ruta.
Pero hay algo tan íntimo que nada ni nadie puede quitarnos: nuestra intimidad con Dios, que todo lo penetra. Que es omnipresente y omnisciente. Dios, que es infinitamente misericordioso.
Esa seguramente es la culminación de nuestra evolución. La única forma absoluta de salir del laberinto.

martes, 16 de enero de 2018

La noche de fiesta. Cuento de Alejandro R. Melo


Nunca me siento más solo que cuando estoy rodeado de muchas personas. Desde niño me sentí “sapo de otro pozo” cuando me invitaban a una fiesta.
Fui un niño taciturno y vergonzoso. Que aceptaba refugiarse en su timidez antes que afrontar el pretendido ridículo frente a mis amigos y compañeros. En realidad me parapetaba en una esquina y me conformaba con tener alguna charla insustancial, con algún contertulio también aislado.
Esa noche había tomado de más. Los ojos se me entrecerraban mientras la música estridente aplastaba mis oídos y las risas sonaban a ruido de hojalata.
Encontré un sillón desocupado y mientras trataba de evitar que cayera el vaso de mi mano, finalmente cedí a las fuerzas de la naturaleza.


Caía la tarde y vi la pulpería a unos cuantos metros, detrás de una loma. Bajé del caballo y lo até en el palenque. Entré en la pulpería. Era un rancho de adobe con techo de paja. Enfrente, y detrás de una reja, atendía el propietario.
Salió a mi encuentro. Pasó un trapo rejilla sobre la mesa que ocupaba y sin preguntar nada trajo unos pocillos con queso cortado, un poco de pan y un vaso de metal con vino tinto.
Yo estaba cansado y un poco confundido.
A poco de estar, a la lejanía se escuchó un galope; la tierra temblaba bajo nuestros pies. Era obvio que se acercó y se detuvo en el patio de la pulpería. Al ratito, atravesó la cortina de tiritas de caña, un hombre joven. Llevaba bombachas de campo, camisa arremangada, faja y rastra, un facón cruzado en la espalda y alpargatas. Tenía una barba no muy larga y pañuelo en la garganta.
Si mayores redondeos se me vino derecho a mi mesa y sin pedir permiso se me sentó enfrente.
El propietario le trajo más queso y un salame trozado, pan y un vaso de vino tinto.
Alcé la mirada, pero sus ojos penetrantes me hicieron desviar la vista. Era como si en un instante su presencia me hubiera atravesado como un rayo. Al momento siguiente, la conmoción se transformó en una inmensa calma, como si un puro y transparente lago hubiera invadido mi alma.
En unos instantes, pasé de la vergüenza a sentir un gozo indescriptible. Un suave calor que acariciaba mi ser, como un abrazo de madre.
Nunca me había sentido así, y ni siquiera había cruzado aún una palabra con el extraño, aunque sentía que aquel personaje me había conocido desde siempre.
Me miró y me dijo: -“Desde antes que nacieras, yo te conocí”.
Luego, levantó el vaso de vino y tomó un sorbo. Ahí pude ver su mano llagada.
Entonces sopló el Pampero, la cortina de tiritas hizo sonar su música de palo y fue cuando alguien me zarandeó el hombro:
-“Es hora de irse” -me dijo- y comprendí que estaba soñando.
El cielo se había poblado de estrellas y las nubes se habían disipado.

“Antes que te formase en el vientre te conocí, antes que nacieras te santifiqué, te di por profeta a los gentiles” (Jeremías 1:5)

viernes, 18 de agosto de 2017

Ahora Barcelona. Reflexión por Alejandro R. Melo

Ahora Barcelona

“...y llegará el día en que cualquiera que los mate creerá que rinde servicio a Dios”(Evangelio según San Juan, 16:2). Occidente está paralizado. No atina a reaccionar ante los grupos islámicos radicalizados. El tema es complejo, pero la raíz principal del problema es que los líderes políticos no comprenden o no quieren comprender el orígen del problema. Como siempre, si se falla en el diagnóstico, difícilmente se pueda acertar con el remedio. He escuchado declaraciones que se repitieron en España, como antes en Francia, sobre la democracia, la libertad, “los valores” de la sociedad liberal, etc.
En realidad, a los terroristas islámicos no les interesa en nada la democracia, ni la libertad de expresión, ni las elecciones o los partidos políticos, ni mucho menos el marketing insustancial del que se alimenta todo el sistema político. Sienten un desprecio profundo por todo ello. Su verdadero objetivo es la civilización cristiana, o mejor dicho, lo poco que queda en pie de ella.
No quieren nuestros líderes abrevar en pensadores como Hilaire Belloc (La Crisis de Nuestra Civilización; Europa y la Fe), sino que son tributarios del pensamiento que contribuyó grandemente a la destrucción de la civilización cristiana (tal como lo demuestra magistralmente Max Weber). Cuando se lee por ejemplo a Samuel Huntington (El choque de las civilizaciones), se comprende que este autor, como la mayoría de los analistas “modernos”, no sólo simplifican el problema, sino que erran al describir qué representa Occidente. Un mundo sin valores espirituales, es cada vez más vulnerable, porque los valores espirituales son como el sistema inmunitario de las sociedades. El liberalismo ( pensamiento) y su consecuencia el capitalismo, desplazaron los valores cristianos para colocar en el centro de la escena a un ídolo material: el dinero. Y como todo ídolo, se trata de un falso dios. Puede aparentar seguridad durante un tiempo, pero a medida que lo adoramos nos va vaciando nuestro espíritu. No es que el dinero sea malo en sí mismo, es un instrumento, y como tal debe tener el lugar de instrumento, no de fin en sí mismo. Cuando el liberalismo (y su consecuencia económica, el capitalismo) desplazó en la conciencia de las sociedades los valores de solidaridad, de prohibición de la usura, de adoración al verdadero centro espiritual y lo reemplazó por nuevos “valores”, tales como el individualismo, el egoísmo, la justificación inmoderada de todos los errores propios, el consumismo, desplazó en el espíritu de las sociedades la verdadera fortaleza. Reemplazó al Dios Vivo y Verdadero por por un ídolo de metal o de papel, y abrió la puerta para todos los excesos y las reacciones más violentas. El marxismo es hijo del liberalismo, no su antítesis. Comparten el vaciamiento del espíritu y su reemplazo por el materialismo. Lo que viene de lo material no es lo que alimenta el espíritu “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” Evangelio según San Juan, 3:6. Aquí Jesús no sólo se refiere a nuestra carne física, o a los pecados de la carne, una visión más profunda nos hace comprender que se refiere a todo lo material. No es que Jesús condene lo material, sino que le da su exacta dimensión y lugar. Por eso el Evangelio proclama la necesidad de dar de comer al hambriento, de dar techo a los sin techo. Lo material en función de las necesidades de la comunidad y su uso subordinado a los valores espirituales. Pero casi todo esto fue destruido por el capitalismo que reemplazó a la civilización cristiana.
No son las armas nucleares ni los misiles, ni el sistema bancario ni Davos, ni la conjura del “poder mundial” o la masonería, quienes van a salvar a Occidente. Sin fortaleza espiritual no hay solución: nuestro sistema inmunitario social e individual será cada vez más débil para afrontar el desafío de una guerra de religiones, tal como la plantean los grupos radicalizados. No es tampoco persiguiendo a los que no piensan como nosotros (siempre que no opten por imponernos por la fuerza sus ideas), cómo vamos a sobrevivir a este nuevo desafío de la historia. Antes de que sea tarde, Occidente debe mirar hacia adentro y hacia arriba.
Los grupos islámicos radicalizados viven en una etapa primitiva de la civilización. Esa etapa en que los pueblos creían en que había un Dios que era propiedad de un pueblo o de una comunidad y que sólo perteneciendo a esa comunidad se podía agradar a Dios. El cristianismo muchas veces cayó en ese error, a pesar de que Cristo nos mostró otra realidad: en la parábola del buen samaritano nos muestra eso.El samaritano era un personaje despreciado por los hebreos, un infiel, un hereje. Pero ese hombre supo ser fiel a la verdadera esencia de Dios.
Es revelándole a los violentos el verdadero rostro misericordioso de Dios cómo vamos a vencer desarmando el brazo criminal.
No se trata de quedarnos en la declamación ni en la predicación. Hay que tomar las medidas para preservar la seguridad obviamente. Pero si no comprendemos el fenómeno al que nos enfrentamos, no podremos superarlo.
España tardó siete siglos en recuperar su territorio del dominio de los sarracenos. Más allá de los defectos, de las ambiciones y debilidades de los hombres, lo que hizo posible esa gesta fue la unidad espiritual, basada no en símbolos humanos, sino en la fe en Cristo.
Los hombres insistimos en apropiarnos de Dios, cada uno con su facción, pensando que podemos excluir a los demás hombres y minimizando su verdadera dimensión: lo eterno, lo inconmensurable, lo infinito. Cuando estemos preparados para mostrarle a los violentos que Dios es el Creador y es el Padre de todos los humanos y de toda la Creación, terminarán por ver ese rostro del Amor, que es el verdadero rostro de Dios. Pero una advertencia: nada de eso se logrará por nuestros propios medios, no sea que pensemos que somos autosuficientes. Dios proveerá.

viernes, 9 de junio de 2017

Estoy por explotar! Cuento de Alejandro R. Melo

Hay días en que uno piensa que todo va a explotar. Hace tiempo que siento este vacío de objetivos vitales, matizado con broncas indescifrables. 
La otra noche me senté en la cama. Estaba desvelado. Un mundo de conflictos me asaltaba la conciencia sin saber qué era más urgente o importante, y mi mente iba de una imágen a otra, con la vertiginosidad de quien ve pasar un tren expreso. Mis sienes latían dolorosamente.
De pronto, por el rabillo  del ojo veo correr como una sombra. Me sobresalté, como es natural. Pensé que era un bicho, una cucaracha, o quizás algo más grande, quizás un ratón o una rata. Mi pulso latía acelerado. Me incorporé para mirar por debajo de la cama. Nada. Prendí todas las luces. Mi mujer roncaba ténuemente, ajena a todo. 
No era la primera vez que veía pasar algo en mi casa. 
Un amigo astrónomo me contó que el ojo humano tiene bastones y conos en su retina, que son los responsables de la recepción de la luz. Pues bien, los bastones son los responsables de nuestra adaptación a la penumbra, porque son altamente sensibles y se saturan con mucha luz,  pero no distinguen los colores, a diferencia de los conos. Los bastones se ubican preferentemente en una zona periférica de la retina. De allí que se pueda ver con el rabillo del ojo cosas con poca luminosidad (ideales para espiar las estrellas). Como sea, seguramente algo había estimulado mis bastones oculares y tal vez haya sido un reflejo de la calle o...qué sé yo!
Volví a recostarme. Me adormecí creo que un rato, pero no logré entrar en el sueño profundo, hasta que escuché un ruido. No era un ruido muy importante, -seguramente se cayó algo de la cama o de la cómoda pensé-, pero al rato cuando me estaba acomodando en la cama y dando vueltas a ver si lograba recuperar el sueño....otra vez una sombra corrió rápidamente por la pared. 
Debe ser un reflejo, -pensé-, pero enseguida me vinieron a la mente mis peores miedos infantiles. ¿No será un fantasma? o acaso, ¿un ladrón que logró filtrarse dentro de la casa? Me vinieron a la memoria las largas horas que de niño pasaba aterrorizado en la cama, rezando el rosario, para no llamar a mis viejos, hasta que me vencía el sueño.
Me volví a acomodar en la cama y tomé la radio portátil para escuchar bajito algo que me hiciera de “arrorró”. Sonaba un tango quejumbroso...me quedé medio adormecido, pero otra vez escuché un ruido. Mis ojos se abrieron como dos faroles escudriñando la noche…
Entonces lo vi. Se acercó lentamente...Se sentó en el borde de la cama, me miró,  y comenzó a hablarme.
Cuando sonó el despertador caí en la cuenta que finalmente me había quedado dormido. Experimenté una sensación de gran descanso, como hacía mucho tiempo que no sentía. 
Desde esa noche, cada noche me visita.
Sólo una duda tengo aún: ¿seguro que no hablan los gatos?

jueves, 11 de mayo de 2017

El Ombú. Poesía de Luis L. Domínguez (1819-1898)



Cada comarca en la Tierra
tiene un rasgo prominente
el Brasil, su sol ardiente;
minas de plata, el Perú;
Montevideo, su cerro;
Buenos Aires –patria hermosa-,
tiene su pampa grandiosa;
la pampa tiene el ombú.
Esa llanura extendida,
inmenso piélago verde,
donde la vista se pierde,
sin tener donde posar;
es la pampa misteriosa
todavía para el hombre,
que a una raza da su nombre,
que nadie pudo domar.
No tiene grandes raudales
que fecunden sus entrañas
pero lagos y espadañas
inundan toda su faz,
que dan paja para el rancho,
para el vestido dan pieles,
agua dan a los corceles,
y guarida a la torcaz.
Su gran manto de esmeralda
esmalta modestas flores
de aromáticos olores
y de risueño matiz.
El bibí, los macachines,
el trébol, la margarita,
mezclan su aroma exquisita
sobre el lucido tapiz.
No tiene bosques frondosos
ni hermosas aves en ellos;
pero sí pájaros bellos
hijos de la soledad,
que siendo únicos testigos
del que habita esas regiones,
adivinan sus pasiones
y acompañan su orfandad.
Así, nuncio de la muerte
es el cuervo o el carancho-
si la peste amaga el rancho
sobre el techo el buho está-,
y meciéndose en las nubes
y el desierto dominando,
las horas está cantando
el vigilante chajá.
No hay allí bosques frondosos
pero alguna vez asoma
en la cumbre de una loma
que se alcanza a divisar,
el ombú, solemne, aislado,
de gallarda, airosa planta,
que a las nubes se levanta
como faro de aquel mar.
¡El ombú!Ninguno sabe
en qué tiempo ni qué mano
en el centro de aquel llano
su semilla derramó.
Mas su tronco tan ñudoso,
su corteza tan roída
bien indican que su vida
cien inviernos resistió.
Al mirar cómo derrama
su raíz sobre la tierra,
y sus dientes allí entierra
y se afirma con afán.
parece que alguien le dijo
cuando se alzaba altanero:
ten cuidado del pampero
que es tremendo su huracán.
Puesto en medio del desierto,
el ombú, como un amigo,
presta a todos el abrigo
de sus ramas con amor;
hace techo de sus hojas
que no filtra el aguacero
y a su sombra el sol de enero
templa el rayo abrasador.
Cual museo de la pampa
muchas razas él cobija:
la rastrera lagartija
hace cuevas a su pie.
Todo pájaro hace nido
del gigante en la cabeza
y un enjambre en su corteza
de insectos varios se ve.
Y al teñir la aurora el cielo
de rubí, topacio y oro,
de allí sube a Dios el coro,
que le entona al despertar
esa pampa, misteriosa
todavía para el hombre,
que a una raza da su nombre
que nadie pudo domar.
Desde esa turba salvaje
que en las llanuras se oculta
hasta la porción más culta
de la humana sociedad,
como un linde está la pampa
sus dominios dividiendo
que va el bárbaro cediendo
palmo a palmo la ciudad.
Y el rasgo más prominente
de esa tierra donde mora
el salvaje que no adora
otro dios que el Valichú,
que en chamal y poncho envuelto
con los laques en la mano
va sembrando por el llano
mudo horror, es el ombú
¡Cuánta escena vio en silencio!
¡Cuántas voces ha escuchado
que en sus hojas ha guardado
con eterna lealtad!
El estrépito de guerra
a su pie se ha combatido
su quietud ha interrumpido
por amor y libertad.
¡En su tronco se leen cifras
grabadas con el cuchillo
quizá por algún caudillo
que a los indios venció allí:
por uno de esos valientes
dignos de fama y de gloria,
y que no dejan memoria
porque nacieron aquí!…
A su sombra melancólica
en una noche serena,
amorosa cantinela
tal vez un gaucho cantó;
y tan tierna su guitarra
acompañó sus congojas
que el ombú de entre sus hojas
tomó rocío y lloró.
Sobre su tronco sentado
el señor de aquella tierra
de su ganado la yerra
presencia alegre tal vez;
o tomando el matecito
bajo sus ramos frondosos
pone paz a dos esposos,
o en las carreras es juez.
A su pie trazan sus planes
haciendo círculo al fuego
los que van a salir luego
a correr el avestruz…
Y quizá para recuerdo
de que allí murió un cristiano,
levantó piadosa mano
bajo su copa una cruz.
Y si en pos de amarga ausencia
vuelve el gaucho a su partido,
echa penas al olvido
cuando alcanza a divisar
el ombú, solemne, aislado,
de gallarda, hermosa planta,
que a las nubes se levanta
como faro de aquel mar.

miércoles, 8 de febrero de 2017

A orillas del río (viejas obviedades) por Alejandro R. Melo



A las orillas del río que pasa.
¿Qué me dice el río?
Es la metáfora de la vida que fluye…
Nace allá muy lejos como un pequeño chorrillo o un brote surgente y comienza a correr naturalmente.
Aunque quisiera ir para otro lado, siempre me lleva a donde vá.
¿Y a dónde va?
A su desembocadura, que es el final de mi vida. Aunque quisiera permanecer, igual llegará…
Si bien tiene muchas piedras que se oponen a su paso, él las pasa por encima, o las esquiva desviándose temporalmente su curso, o las desgasta con su voluntad de paso inquebrantable.
Fluye el río de la vida y se alimenta de la dura roca que va dejando sus minerales en el agua.
Pero ¿ahora dónde pasa?, ya no están esas rocas, habrá otras, aunque el río arrastra sus minerales.
Es un símbolo del paso...el pasado queda atrás, el río fluye. No es que el pasado no sea importante, que no haya alimentado al río. De hecho, le ha dejado sus minerales, pero el río lo deja atrás...lo deja ir sin tristeza...sigue su ruta burbujeante y sonora para ir al encuentro de su futuro, de su destino.
Días de tormenta, de lluvia, de dulce calma, de frío o de calor vendrán, y ya pasaron también, pero el río sigue su marcha, sin saber si le espera un suave remanso, un rápido o una terrible catarata. No importa...el río sigue su marcha, mientras va cantando su canción que es una alabanza al Creador.

martes, 8 de noviembre de 2016

La llamada nocturna por Alejandro R. Melo

Sabido es que Buenos Aires se ha transformado en una ciudad insegura. Desde hace varios años la inseguridad se enseñorea de sus calles y nadie está a salvo de sufrir algún delito más o menos violento.
Cuando éramos niños jugábamos en la calle; siendo adolescentes volvíamos a la madrugada sin que nadie nos molestara y nuestros padres sólo nos advertían de peligros con el tránsito. Todos dormían tranquilos mientras sus hijos salían a recorrer la noche de Buenos Aires. Algunos iban a boliches, al cine, otros a comer pizza con los amigos o a recorrer las interminables librerías de la Avenida Corrientes.
Pero todo cambió: ya nadie está tranquilo. Cuando mis hijos eran más chicos y salían a bailar, apenas si pegaba un ojo y estaba atento al teléfono celular (que no existía obviamente en nuestra juventud). Estaba pronto para llevarlos, pero también para ir a buscarlos a la salida del boliche. No importaba que me tuviera que poner algo encima del pijamas para subirme al auto.
La otra noche ocurrió algo: eran como las dos de la madrugada y sonó el teléfono. Desperté, y me incorporé en la cama rápidamente, y tomé el tubo del teléfono.
-Pa!
- ¿que?
- no sabes lo que me pasó! - se escuchaba la voz de mi hijo en el teléfono-.
Como un rayo salté de la cama seguido por mi esposa, crucé el pasillo y de un golpe abrí la puerta de la habitación de mi hijo, para tranquilizarme al verlo en su cama, mientras se despertaba sobresaltado y me miraba sorprendido.
-¿qué te pasó? -seguí la conversación a mi interlocutor en el teléfono, pero ya tranquilo al comprender que se trataba de un intento frustrado de “secuestro virtual”.
- Me robaron- dijo la voz de mi hijo, y enseguida se cortó la comunicación.


Con el corazón agitado y luego de comentar el hecho con mi hijo y mi esposa, volví a mi habitación, y como no me quedé conforme llamé a la policía. Una agente femenina me dijo que de estar todos bien, no enviaría el patrullero, y que de desearlo, por la mañana, efectuara la denuncia en la comisaría o en la fiscalía.
Volví a la cama y me costó dormirme. Era la voz de mi hijo. Yo estaba muy impresionado por el parecido y por la misma inflexión de la voz.
Al día siguiente fue el comentario en la oficina, mientras recibía por respuesta de mis compañeros, que a ellos ya les había ocurrido.
Pasaron unas cuarenta y ocho horas y me encontré a almorzar con mi hijo. Llegaba exaltado.
-Me robaron! - me dijo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Jesús en el supermercado. Relato por Alejandro R. Melo

Mañana de sábado en el supermercado. Mi mujer y yo empujando sendos carritos de mercadería. En el sector frutas llenamos algunas bolsas con naranjas, unos damascos y yo quería comprar un poco de uva, pero ella se opuso diciendo que estaba muy cara. Unos minutos después, llegamos a una góndola donde había ananás. Mi mujer los toca y me dice: -tu hija me pidió uno, pero están muy caros.
-llevalo- le digo.
Entonces me mira sonriente y me dice: -no se si se lo merece. Se lo merece no?
Yo le respondo, no haciéndome cargo de la broma: -No lo compro porque se lo merezca sino porque es mi hija.
Fue en ese momento que me vino a la cabeza unas palabras de Jesús en el Evangelio: “Si ustedes que son malos, dan cosas buenas a sus hijos, cuánto más vuestro Padre, que está en el cielo, dará cosas buenas a los que se lo piden”.
Entonces comienzo a reflexionar: ¿qué significa esta Palabra de Cristo?
Lo primero que me viene a la mente es esa comparación entre padres: No le damos cosas buenas a nuestros hijos porque hagan méritos para obtenerlas, sino porque los amamos, porque queremos que reciban los mejor. Y Dios hace eso con los hombres, porque es Padre. Enseguida me doy cuenta de que todo el mensaje de Jesús revela a un Dios Misericordioso, no a un dios vengador, que recurre al estilo de los ídolos y los dioses mitológicos al ojo por ojo, diente por diente. Dios no necesita pagarnos con la misma moneda nuestras faltas, nuestras ingratitudes. Es demasiado grande, lo ve todo, lo sabe todo, pero por sobre todo es Padre, y siempre está dispuesto a abrazarnos tiernamente.
Ahora, decir que es Padre es mucho más que decir que es Creador: pudo ser un Dios Creador ajeno a los sucesos que son consecuencias del origen: la razón seminal de la que hablaba San Agustín no se quedó en el origen. Cada tanto, y cuando Él lo decide, interviene en la vida de los hombres. Esto lo diferencia de la visión de un Dios ajeno, de un Dios extraño a la vida de los hombres. Tampoco es el dios panteísta de los orientales que confunde al Creador con la Creación.
Entonces caigo en cuenta que el mensaje de Jesús es revolucionario: ya nadie puede apropiarse de Dios, porque Dios es Padre de todos, no solo de los judíos, no solo de los que creen, no solo de los buenos, no solo de los “elegidos”. Dios es Padre de todos, pero no es dueño de todos: respeta la libertad de las criaturas. El cristianismo es la verdadera religión del Amor. Revela el rostro de Dios verdadero, ese que los hombres no podían ver porque es tan brillante que enceguece. Con Jesús, Dios se hace hombre, camina entre los hombres, trabaja con los hombres, asume la pobreza, las miserias y carga con el pecado, la enfermedad y la muerte.
En este punto de la reflexión de supermercado, yo sentía que mi alma estaba llena de alegría, de gozo, de contemplación. Me imaginé lo que serían las meditaciones de los monjes!
Luego pagué y volvimos para casa, y por supuesto llevando el famoso ananá con nosotros, y pensando en escribir este relato, para perpetuar el momento gozoso de la iluminación.
Hacia la noche, y pensando en darme a escribir, me dije: -tengo que buscar el pasaje del Evangelio que motivó mis pensamientos.
Busco en internet, para luego encontrar al día siguiente, hoy domingo, en el Evangelio.
Ahí me doy cuenta que existen dos relatos distintos en los evangelios de Mateo y de Lucas sobre el mismo hecho (Mateo 7:11 y Lucas 11:13). Pero con una leve diferencia: en el de Mateo, Jesús habla de “dar cosas buenas” a los hombres que se lo pidan, y en el de Lucas, “de enviar el Espíritu Santo” a los hombres que se lo pidan.
¿Cuál de los dos es el correcto? ¿Cuáles fueron las verdaderas palabras de Jesús en dicha ocasión?
Allí comprendí que los dos relatos son verdaderos y dicen lo mismo: uno habla de “cosas buenas” que es lo mismo a decir: dones espirituales. Y quien trae los dones espirituales a los hombres es el Espíritu Santo.
Jesús nos enseña, también en el supermercado.