Y he aquí una mujer que había sido pecadora en
la ciudad, como entendió que estaba a la mesa en casa de
aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,
Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando a regar
con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos
de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía
con el ungüento.
Y como vió esto el Fariseo que le había convidado,
habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta,
conocería quién y cuál es la mujer que le toca,
que es pecadora.
Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón,
una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro.
Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía
quinientos denarios, y el otro cincuenta;
Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos.
Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?
Y respondiendo Simón, dijo:
Pienso que aquél al cual perdonó más.
Y él le dijo: Rectamente has juzgado
Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer?
Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha
regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado
con los cabellos.
No me diste beso, mas ésta, desde que entré,
no ha cesado de besar mis pies.
No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido
con ungüento mis pies.
Por lo cual te digo que sus muchos pecados son
perdonados, porque amó mucho; mas al que se
perdona poco, poco ama.
Y a ella dijo: Los pecados te son perdonados.
Y los que estaban juntamente sentados á la mesa,
comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste,
que también perdona pecados?
Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
(Evangelio según San Lucas 7, 37-50)
Comentario: he aquí el verdadero pensamiento revolucionario de Cristo: muestra a Dios como es en su esencia Puro Amor. Más allá de nuestros fracasos, de nuestras falencias, de nuestras caídas y debilidades, El está siempre dispuesto a perdonar. Cristo enamora radicalmente el corazón del hombre, mi corazón, a pesar de mis defectos que son más innumerables que las arenas del mar. El es la Vida que nos habla con palabras sin tapujos, nos desnuda con la Verdad y nos encubre con su ternura. Es increíble, después de tantos siglos, la vigencia del mensaje de Cristo es cada día más actual. Para mí no necesito más pruebas: Jesús es el Hijo de Dios.
viernes, 17 de septiembre de 2010
LA ULTIMA CURDA (Tango de Cátulo Castillo -letra- y Aníbal Troilo -música-)
Lastima, bandoneón,
mi corazón...
tu ronca maldición maleva.
Tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo, bajo fondo,
donde el barro se subleva...
Ya sé... no me digas... Tenés razón!...
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz,
que es una curda
- nada más!-
mi confesión!...
Contame tu condena,
decime tu fracaso,
¿no ves la pena
que me ha herido?...
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo
del olvido...
Ya sé que me haces daño!...
Yo sé que te lastimo
llorando mi sermón de vino!...
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón
al corazón!...
Un poco de recuerdo
y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la ultima curda...
Cerrame el ventanal,
que arrastra el sol
su lento caracol de sueño...
¿no ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol?
mi corazón...
tu ronca maldición maleva.
Tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo, bajo fondo,
donde el barro se subleva...
Ya sé... no me digas... Tenés razón!...
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz,
que es una curda
- nada más!-
mi confesión!...
Contame tu condena,
decime tu fracaso,
¿no ves la pena
que me ha herido?...
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo
del olvido...
Ya sé que me haces daño!...
Yo sé que te lastimo
llorando mi sermón de vino!...
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón
al corazón!...
Un poco de recuerdo
y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la ultima curda...
Cerrame el ventanal,
que arrastra el sol
su lento caracol de sueño...
¿no ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol?
miércoles, 25 de agosto de 2010
Piedra y Camino de Atahualpa Yupanqui
Del cerro vengo bajando,
Camino y piedra,
Traigo enredada en el alma, viday
Una tristeza...
Me acusas de no quererte.
No digas eso...
Tal vez no comprendas nunca, viday
Porque me alejo...
Es mi destino
Piedra y camino...
De un sueño lejano y bello, viday
Soy peregrino...
Por mas que la dicha busco,
Vivo penando...
Y cuando debo quedarme, viday
Me voy andando...
A veces soy como el rio:
Llego cantando...
Y sin que nadie lo sepa, viday
Me voy llorando...
Es mi destino,
Piedra y camino...
De un sueño lejano y bello, viday
Soy peregrino...
Camino y piedra,
Traigo enredada en el alma, viday
Una tristeza...
Me acusas de no quererte.
No digas eso...
Tal vez no comprendas nunca, viday
Porque me alejo...
Es mi destino
Piedra y camino...
De un sueño lejano y bello, viday
Soy peregrino...
Por mas que la dicha busco,
Vivo penando...
Y cuando debo quedarme, viday
Me voy andando...
A veces soy como el rio:
Llego cantando...
Y sin que nadie lo sepa, viday
Me voy llorando...
Es mi destino,
Piedra y camino...
De un sueño lejano y bello, viday
Soy peregrino...
lunes, 9 de agosto de 2010
CONFESIÓN (Tango) de Enrique Santos Discépolo y Luis César Amadori
Fue a conciencia pura
que perdí tu amor...
¡Nada más que por salvarte!
Hoy me odias
y yo feliz,
me arrincono pa' llorarte...
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso,
me verás siempre golpeándote
como un malvao...
¡Y si supieras, bien,
qué generoso
fue que pagase así
tu buen amor..!
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao
y en mi caída
busqué dejarte a un lao,
porque te quise
tanto...¡tanto!
que al rodar,
para salvarte
solo supe
hacerme odiar.
Hoy, después de un año
atroz, te vi pasar:
¡me mordí pa' no llamarte!...
Ibas linda como un sol...
¡Se paraban pa' mirarte!
Yo no sé si el que tiene así
se lo merece,
sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí,
me justifica
al verte hecha una reina
que vivirás mejor
lejos de mí..!
que perdí tu amor...
¡Nada más que por salvarte!
Hoy me odias
y yo feliz,
me arrincono pa' llorarte...
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso,
me verás siempre golpeándote
como un malvao...
¡Y si supieras, bien,
qué generoso
fue que pagase así
tu buen amor..!
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao
y en mi caída
busqué dejarte a un lao,
porque te quise
tanto...¡tanto!
que al rodar,
para salvarte
solo supe
hacerme odiar.
Hoy, después de un año
atroz, te vi pasar:
¡me mordí pa' no llamarte!...
Ibas linda como un sol...
¡Se paraban pa' mirarte!
Yo no sé si el que tiene así
se lo merece,
sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí,
me justifica
al verte hecha una reina
que vivirás mejor
lejos de mí..!
Jean Guiton: de la vida a la Vida por Francesca Pini
Je n´ai pas le droit de mourir avant l'an 2000 (no puedo morir antes del 2000), me repetía, a menudo, Jean Guitton. Expiró el domingo de Cuaresma en el que el Evangelio proclama la resurrección de Lázaro, signo preciso y luminoso, para él, que hizo de la relación entre tiempo y eternidad el objeto de su reflexión filosófica:
Cuando se llega al final de la propia existencia y se mira en su totalidad, uno se da cuenta de no haber abandonado jamás la eternidad. La vida humana es ya una participación misteriosa en la eternidad divina. Como san Francisco hablaba de la hermana muerte: un estado de pureza grande que reduce a cada uno a su esencia; sostenía también que la muerte no existe, ya que se pasa inmediatamente de un estado a otro, es decir, de la vida a la Vida. Del juicio particular ante Dios le preocupaban sus pecados de omisión.
El Misterio es otro tema fuerte que ocupa su vida, su reflexión. No se puede comprender, pero puede ser vivido. La oración es un acto tanto vertical como horizontal, porque se nutre de todas las instancias, los deseos, los momentos que el hombre vive, y es el extremo paso de la razón, porque con esa la “ratio” se transforma en “oratio”, completándola.
Para él, el drama de la existencia consistía en la coincidencia entre el tiempo que nosotros vivimos y el hecho de experimentar que somos eternos, como en el fondo decía Spinoza (por esto lo admiraba). Y es precisamente la vida cotidiana, tan llena de dificultades, la que permite descubrir la mediación entre lo eterno y el tiempo: mediador por excelencia entre estas dos realidades ha sido precisamente Jesús encarnado, muerto y resucitado.
SOBREVIR EN COLOR
Decía: Sobreviviré a mí mismo de dos modos: en blanco y negro, y en color, a través de mis escritos y mis pinturas. Amaba los colores porque los consideraba una anticipación de la gloria de Dios. En su estudio parisino, el espacio estaba netamente dividido entre centenares de
libros (de él también permanecen unas ochenta obras) y cuadros repartidos por todas partes, en un desorden muy artístico; sobre el caballete, en el medio del cuarto, un lienzo pintado por él representaba a su Pascal. Le encantaba, sobre todo, hacer retratos, porque en la cara reconocía la esencia del hombre. Como, precisamente, aquél de Pascal que le había enseñado que el hombre supera al hombre, que el pensar humano no puede ser medido con el pensamiento humano.
Jean Guitton era un extrovertido que invitaba a la interioridad. Todavía hasta hace unos años, todos los miércoles, un grupo de estudiantes se reunía en su casa: sentados por el suelo, estaban horas y horas escuchándole hablar de Platón, de Teilhard de Chardin, de la confrontación entre fe y ciencia. Pensaba, a menudo, en los jóvenes de mañana, antorchas por encender y no vasos por llenar con nociones sofocantes.
No he envejecido, sino que he vivido más juventudes, le gustaba decir, y esta convicción hacía de él verdaderamente un espíritu joven, a pesar de sus noventa y ocho años.
Era un hombre simpático, siempre pronto a la ironía, capaz de leerte con una mirada; decía saber intuir los destinos de las personas gracias a una inspiración mística: así desde el inicio, sabía que Louis Althusser, su mejor amigo y alumno, lo había traicionado (pero él, en su corazón, no renegó nunca de él).
A sus veinte años Guitton afirmaba que, en el siglo XX, para merecer plenamente el título de filósofo era necesario ser también físico y biólogo. Gran espíritu critico, Jean Guitton, que permaneció viudo, no quiso ser sacerdote para mantener su condición de laico, y poder buscar en la duda las razones para creer (que no es saber, que no es comprender, sino que es adherirse sin conocer). Que no sorprenda su afirmación: Han sido los ateos mis verdaderos maestros. Y afirmaba, como si quisiera asegurar sobre nuestra fragilidad, que en él había dos seres: el creyente y el no creyente, que dialogaban perpetuamente.
Francesca Pini en AvvenireNi .
Tomado de: ACCION CULTURAL CRISTIANA. Sierra de Oncala 7, Bjo. Dcha. 28018 Madrid (España) Correo electrónico: acc@eurosur.org
Cuando se llega al final de la propia existencia y se mira en su totalidad, uno se da cuenta de no haber abandonado jamás la eternidad. La vida humana es ya una participación misteriosa en la eternidad divina. Como san Francisco hablaba de la hermana muerte: un estado de pureza grande que reduce a cada uno a su esencia; sostenía también que la muerte no existe, ya que se pasa inmediatamente de un estado a otro, es decir, de la vida a la Vida. Del juicio particular ante Dios le preocupaban sus pecados de omisión.
El Misterio es otro tema fuerte que ocupa su vida, su reflexión. No se puede comprender, pero puede ser vivido. La oración es un acto tanto vertical como horizontal, porque se nutre de todas las instancias, los deseos, los momentos que el hombre vive, y es el extremo paso de la razón, porque con esa la “ratio” se transforma en “oratio”, completándola.
Para él, el drama de la existencia consistía en la coincidencia entre el tiempo que nosotros vivimos y el hecho de experimentar que somos eternos, como en el fondo decía Spinoza (por esto lo admiraba). Y es precisamente la vida cotidiana, tan llena de dificultades, la que permite descubrir la mediación entre lo eterno y el tiempo: mediador por excelencia entre estas dos realidades ha sido precisamente Jesús encarnado, muerto y resucitado.
SOBREVIR EN COLOR
Decía: Sobreviviré a mí mismo de dos modos: en blanco y negro, y en color, a través de mis escritos y mis pinturas. Amaba los colores porque los consideraba una anticipación de la gloria de Dios. En su estudio parisino, el espacio estaba netamente dividido entre centenares de
libros (de él también permanecen unas ochenta obras) y cuadros repartidos por todas partes, en un desorden muy artístico; sobre el caballete, en el medio del cuarto, un lienzo pintado por él representaba a su Pascal. Le encantaba, sobre todo, hacer retratos, porque en la cara reconocía la esencia del hombre. Como, precisamente, aquél de Pascal que le había enseñado que el hombre supera al hombre, que el pensar humano no puede ser medido con el pensamiento humano.
Jean Guitton era un extrovertido que invitaba a la interioridad. Todavía hasta hace unos años, todos los miércoles, un grupo de estudiantes se reunía en su casa: sentados por el suelo, estaban horas y horas escuchándole hablar de Platón, de Teilhard de Chardin, de la confrontación entre fe y ciencia. Pensaba, a menudo, en los jóvenes de mañana, antorchas por encender y no vasos por llenar con nociones sofocantes.
No he envejecido, sino que he vivido más juventudes, le gustaba decir, y esta convicción hacía de él verdaderamente un espíritu joven, a pesar de sus noventa y ocho años.
Era un hombre simpático, siempre pronto a la ironía, capaz de leerte con una mirada; decía saber intuir los destinos de las personas gracias a una inspiración mística: así desde el inicio, sabía que Louis Althusser, su mejor amigo y alumno, lo había traicionado (pero él, en su corazón, no renegó nunca de él).
A sus veinte años Guitton afirmaba que, en el siglo XX, para merecer plenamente el título de filósofo era necesario ser también físico y biólogo. Gran espíritu critico, Jean Guitton, que permaneció viudo, no quiso ser sacerdote para mantener su condición de laico, y poder buscar en la duda las razones para creer (que no es saber, que no es comprender, sino que es adherirse sin conocer). Que no sorprenda su afirmación: Han sido los ateos mis verdaderos maestros. Y afirmaba, como si quisiera asegurar sobre nuestra fragilidad, que en él había dos seres: el creyente y el no creyente, que dialogaban perpetuamente.
Francesca Pini en AvvenireNi .
Tomado de: ACCION CULTURAL CRISTIANA. Sierra de Oncala 7, Bjo. Dcha. 28018 Madrid (España) Correo electrónico: acc@eurosur.org
Acuarela del río (letra y música de Abel Montes)
Un canilla poí una balsa,
una guaina, una flor en el río,
un paisaje de cielo
reflejan las aguas del gran Paraná.
Más allá, un camalote va flotando
hacia la orilla que arbolada de sauces
Nos invita a soñar...
Acuarela del río que pintas de luces
mi dulce reomance.
En el mundo no hay marco más divino
y bello para nuestro amor, son su sol,
Con sus fúlgidos matices
con su brisa perfumada
en mágico arrebol
de un lento atardecer...
Estribillo
A la deriva el bote va
con mi amada por el río.
Meciéndonos con su vaivén
que acompasa nuestro amor.
Y apoyada en mi hombro
me musita al oído
mientras beso sus manos
completan mi dicha
aromas de azahar.
una guaina, una flor en el río,
un paisaje de cielo
reflejan las aguas del gran Paraná.
Más allá, un camalote va flotando
hacia la orilla que arbolada de sauces
Nos invita a soñar...
Acuarela del río que pintas de luces
mi dulce reomance.
En el mundo no hay marco más divino
y bello para nuestro amor, son su sol,
Con sus fúlgidos matices
con su brisa perfumada
en mágico arrebol
de un lento atardecer...
Estribillo
A la deriva el bote va
con mi amada por el río.
Meciéndonos con su vaivén
que acompasa nuestro amor.
Y apoyada en mi hombro
me musita al oído
mientras beso sus manos
completan mi dicha
aromas de azahar.
Los consejos de un gran autor sobre el arte de narrarCarta a un joven escritor
Arturo Pérez-Reverte
lanacion.com | Opinión | Lunes 9 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)